CRÉMER CONTRA CRÉMER

Volver, volver, con la cartera marchita¿

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VICTORIANO CRÉMER
León

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ASÍ ES LA VIDA, Federica. Ir y venir, de un lado para el otro, de un amor a otro amor. De un azar político a la misma angustia vital de siempre. El ser humano de segunda mano viene a ser como un pelotón lleno de viento a merced siempre de la suerte, del ingenio o de la perfidia y la mala sangre de los guerrilleros de la miseria. La sociedad es un cartón de lotería en el cual está escrito, con letra de fuego, nuestro nombre. Todas las noches de guardar elevamos a los dioses la misma jaculatoria: Volver, volver, volver de donde sea, con la cartera y la frente marchitas, pero volver. Todos los seres humanos necesitamos regresar de un viaje que emprendimos para ver si al final del mismo, la sociedad a la cual estamos acogidos ha cambiado algo a nuestro favor. Andamos por el mundo, sobre ese tiempo milagrero de las vacaciones implorando un favor, un trabajo, un decisivo y permanente modo de vivir. Y casi nunca merecemos la gracia de los dioses, porque como está demostrado, para conseguir este favor cuasi divino de los dioses y del prójimo, hay que merecer el favor, la gracia. Durante un tiempo privilegiado durante el cual siempre nos hemos imaginado que el camino del azar veraniego pudo ser el del encuentro con la fortuna, con el beneficio, con la gracia, tejemos el lienzo multicolor de la esperanza. Durante el tiempo del ocio santificado pensamos, pedimos, deseamos que nos venga Dios a ver y como en tono de ilusionada ironía, repetimos la conocida jaculatoria del verano: El esposo y la mujer/ están contentos los dos/ la una porque fue a ver a Dios/ y el otro porque le vino Dios a ver¿ Ni lo uno ni lo otro, cada perro se lame sus heridas y al mísero e infeliz en continuas rogatorias, pide humildemente un favor: Volver, volver, volver, como fuera al lugar original, al puesto que teóricamente tiene o debiera estar allí, al rincón iluminado de ilusión al cual reza convertir en sagrario de su presente y redención de su futuro. El verano, las vacaciones teóricamente un tiempo de paz y de esperanza, y si se convierte en una zona oscura de la que no acertamos a salir es sencillamente porque el mundo, el nuestro, el suyo y el del vecino está mal hecho, no nos acaba de admitir y de hecho y de derecho nos rechaza, para dar paso, ocupación y dominio, destinado a los afortunados, a los adelantados, a los que sí les concedió el Olimpo la gracia de volver, volver, volver, con la frente y la cartera marchita o como fuere, pero volver y encontrar la paz y un asiento a la lumbre familiar¿ Que es lo que deseo a todos los que han obtenido la gracia de volver y encontrarse en los demás. ¡Y viva Pérez de Guzmán!

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