Cosas de aquí | La carne de calidad parte de León

Manjar de los dioses

Una vaca de 14 años, con más de mil kilos en la báscula, último ejemplo de que la carne leonesa es la más apetecida entre los fogones de los grandes restauradores de Bilbao y San Sebastián

Publicado por
C. Villa - redacción
León

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Al otro lado de la crisis que envuelve a la actividad ganadera de León se ven destellos de vida. Secuencias positivas que hacen que los profesionales del sector se vean rescatados, aunque de forma circunstancial, de la espiral negativa que los rodea. León aún es territorio de calidad, pasto de los amantes del delicatessen, pretensión de los grandes gourmets buscan en esta tierra género para saciar la demanda de cinco tenedores. Una vaca leonesa es sinónimo de calidad. Que le pregunten a los propietarios del ejemplar que recoge la fotografía, que entregó más de mil kilos en la báscula para echar a los fogones de los grandes cocineros de Bilbao y San Sebastián, esos que ofrecen chuletones como manjares de dioses. Si hay demanda habrá oferta. Y viceversa. Es un capítulo ajeno a los episodios actuales de la lengua azul, del peregrinaje de los precios desde el origen al consumidor, de la entrada del carne del exterior que tiene poco que ver con la calidad que ofrece el productor leonés. La res nació para trabajar la tierra, en uno de los escasos ejemplos que quedan de esta actividad en la provincia. Labriegos de la localidad de Valdesogo emplearon al animal para los quehaceres propios de la horticultura, que compensaron debidamente con alimentos sin tasa, siempre naturales, en lo que se completa como un ciclo ecológico total. Lo sabe un corredor de ganado, entrador de carne, también profesional del sector, que se hizo con el animal para ponérselo en bandeja a los restauradores. Mil kilos de manjar de excelente calidad, catorce años de buen cuidado, carne roja: «No es la primera ni será la última», explica Alfonso Fernández, que sabe del sector por ser corredor de ganado y también por ser criador, propietario de un cebadero industrial. Con el respaldo que le da la insistencia de los compradores finales del animal, Fernández reafirma que las vacas labriegas leonesas, las criadas según la receta tradicional del trabajo y alimentos naturales «no como las que se venden como de aquí y vienen de fuera», puntualiza, no tienen competencia para dar contenido a un buen plato de chuletón. «Ni los bueyes, ni nada que se le parezca», aprecia el tratante leonés, a quien recurren los restauradores consolidados como números uno de la carne de vacuno. El sector primario leonés cuenta con estos detalles, aún en medio de una crisis que parece que no tiene final y ya hace tiempo que se le echó encima. Un dato formidable que quien busca carne de calidad viene a León a buscarla.

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