Diario de León
Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

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UNO ESCUCHA el nombre de Antonio Pereira y siente alegría. Un gozar de las palabras y de la vida. De la gracia que habita en su voz o en sus libros. Antonio Pereira es un gran escritor; eso alguna vez se olvida. Porque predomina la sonrisa, sí. La cercanía, la amistad, tantos detalles que Antonio tiene con todo el mundo. De las letras y de otros ámbitos. Antonio es accesible, cordial, machadiano. Antonio es, sencillamente, como hay que ser. Pero yo quería matizar esa sonrisa. Para recordar que detrás de ella late su profundo modo de estar en la vida. En la que Antonio ha sido y es, esencialmente, un poeta. Hombre de reflexión y de luz. Poeta que escribe cuentos. Donde la poesía está y nos espera siempre. Visión poética de la vida. Rigor de poeta en el texto. Complicidad que él siempre busca en el lector. Y un gran talento en sus páginas, donde cada frase viene de una molturación muy precisa e imaginativa. Antonio Pereira conoce la sencillez que solo llega después de muchos años de escribir bien, de descubrir, de avanzar. De estar abierto a los tiempos, a los ritmos de la vida nueva. Pereira es genuino, es viajero. Y no creo que sea deudor de Cunqueiro ni de otros grandes escritores de Galicia. Pereira es universal no desde la memorable literatura gallega, sino desde la literatura leonesa. De la que él es, para muchos, el mayor artista. El más relevante narrador. El más fino, el más original. Cada cuento de Pereira es una fiesta, un abrazo. Personajes y ambiente te quieren, te estimulan y tantas veces te sorprenden al final del relato. Cada cuento de Pereira es un vaso de agua fresca. Un pequeño reino de la vida. Una verdad. Y el conjunto de sus narraciones construyen la novela de Pereira, su gran libro. Fragmentario y a la vez tan unido e infinito. Enraizado en la tradición de la literatura española, como ha de ser. Antonio Pereira es la voz de esta tierra del noroeste interior. Que también es, un poco, todo el noroeste. Con Galicia y Asturias, incluso el norte de Portugal. Es el antiguo Reino de León y continúa existiendo una cohesión misteriosa entre tierras que durante muchos siglos estuvieron unidas. Bajo Roma o los visigodos para culminar en el viejo Reino, patria mítica e histórica a un tiempo de los diez millones de personas que venimos de estas tierras del cuadrante. Antonio no solo es un maestro de la narrativa. Y un hombre profundo, ejemplar y optimista. No solo es el artífice de una vida creativa, laboriosa y rica. Pereira aúna su vida y su obra en el cauce del encanto. Y esa doble iluminación se funde en su propia voz. En su oralidad como no hay otra. Lugar del aire donde todo es encuentro. Escuchar a Pereira es transitar el camino de la felicidad. Antonio Pereira está aquí. Trae todo su mundo en las manos. El niño tímido y enamoradizo de Villafranca; el adolescente que escribía artículos en los periódicos; el que estuvo en Lugo durante la guerra, fascinado por la tipografía; el que se hizo maestro; el que fue comerciante -noble oficio de libertad-; el que sintió y escribió; el que encontró ya de mayor su sitio en la historia de la literatura. De la mano de sus relatos, que son vida. Aquí está Pereira: pasea, habla, cuenta, ríe, toma café, contempla el mundo. Y cuando hablas con él estás hablando con todos sus amigos. Yo, cuando quiero hablar con Ramón Carnicer, al que añoro, hablo con él. Antonio los guarda a todos. Mañana empieza en León un congreso de literatura española. Una de sus jornadas estará dedicada a la literatura española que escriben los escritores leoneses. Literatura universal escrita desde aquí. Con la sonrisa de Antonio Pereira. Tal vez el escritor español más querido por sus lectores. Ciudadano, memorioso, libre, artista.

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