Diario de León
Pedro García Trapiello

Creado:

Actualizado:

CIEGO estuvo este ventano los últimos treinta días y al abrirlo ahora veo que líos y nervios tienen patas en la calle y cuchillos en los despachos. No se os puede dejar solos. Me habéis cerrado la compañía de los grandes expresos aéreos, la lengua azul lame infectando la cabaña (es el Quinto Jinete de la Pocaleche ), el fuego bacteriano es campeador porque la jardinería pija le invitó al festín, el otoño vino tacaño de moras y brunos, me tenéis vaciados los pantanos, las grúas están catalépticas o hacen de dontancredos en esta corrida general del dinero miedoso revestido con traje de luces apagadas ante el toro que raptó a Europa, tenéis mareado y de los cuetes al director de vuestra sucursal con la angustia abuevada de esta crisis que llamaron temblor y resultó terremoto que ya registró un ocho y medio en la escala de Catacroc... no se os puede dejar solos... y a Resti y Marilú, menos todavía, que están de pánico atado y destado, según el día. A la chita callando planearon maniobra evasiva, rescate de fondos bancarios... y la ocultación de su tesoro. No son los únicos. En el banco dicen que es canguelo general, que la gente se obsesiona en guardar algo de sustancia bajo teja, bajo laja o en el buraco de la tranca, que de siempre fue el único depósito fiable si vienen moros desde el sur o banqueros desde el norte. Resti y Marilú amasaron lo suyo, una poca chicha, pero es balsa de su vejez y un algo que dejar a los hijos (dos: ceporrillo uno; listilla y gastadora la otra). El pánico ya lo tiene Resti metido en el cuerpo y en las cuentas. Acordaron ir al banco a retirar sesenta mil euracos contantes. No valió el empeño del director en disuadirles. Aquella tarde se fueron con la billetada al pueblo donde tienen una bodega; y en algún guariche de la cueva, emplasticado el mondongo, escondieron su tesoro. Ni siquiera a los de casa han contado el secreto. Respiraron esa noche. Pero a la mañana siguiente les volvió el terror al culo prieto cuando les demostraron que si vienen mal dadas, el papel moneda también es filfa, carajón bendito. Sólo el oro es valor... Ahora su drama será invertir ese tesorillo en oro, que sube. Preguntaron. Jodó. Ya está todo vendido. Hay que hacer cola. Veinticuatro mil euros el kilo. Ay, madre. Resti y Marilú tienen hoy dos miedos: un tesoro que no vale y un oro que no ven... o sea, pánico en lingotes.

tracking