Tiene que estar
GALENOS del dinero rey que rabió y jerifaltes de estado siguen sin explicarse ni tranquilizar al peatón hipotecado qué ha sido este ruido, este petardazo. El peatón piensa que sólo puede haber detrás un error (muy grave) o un delito (muy gordo). ¿Por qué, pues, no es está persiguiendo a responsables o delincuentes hasta devolverles a la escuela o llevarles a la cárcel?... Y se pregunta también dónde está yendo lo que se pierde. El dinero es como la energía: ni se crea, ni se destruye; se transforma; va de aquí para allá... y aunque estén inflados créditos y cuentas (el sistema tiene truco), detrás de este flatus ha de haber crudo, inmuebles, bienes tangibles, casonas, lo que se ve, fortunas ocultas, además del oro, metal de cañón, nuestro dios en lingotes. Ese oro y esas fortunas, antes y después de cualquier crisis o hecatombe, seguirán teniendo dueño. Creó el hombre aparatos y ciencia para contar las estrellas (que casi no hay dios que las cuente), ¿y no tiene la economía aparatos, eminencias y escarmientos para contar los dineros y sus trampas o predecir un catapún como se hace con los impactos de asteroides a mil años vista?... Tenemos derecho a pensar que sí existen y concluyen algunos que esta crisis es de diseño heavy con mucha chapa al culo y cadenas al cuello, crisis prevista, si no provocada, y calculados sus efectos y su duración (¿de qué, si no, aseguran solemnemente que en 2010 habrán vuelto los caudales a sus cajas y arcas, a su cauce natural?). Perdonen mi simpleza, pero soy como aquel brutote enriquecido obligado en sus comienzos a ordenar sus cuentas. La primera vez que su contable le presentó el libro de movimientos y asientos lo abrió y leyó en una página «debe» y en la otra «haber»; comenzó a pasar hojas y lo mismo, así que comenzó a levantar la voz y exclamó alarmado: ¿Debe haber?, ¿debe haber?... ¡tiene que estar!... Pues eso creo. Menos mal que el Papa Benedicto nos ha tranquilizado con una sentencia definitiva: «Los bancos caen; sólo la palabra de Dios es estable». He de preguntarle a algún economista (los que menos explican esta crisis) si piensan entonces que lo más aconsejable sería que vayamos invirtiendo en biblias, tal y como se están poniendo las cosas... o las exequias.