Diario de León

Fogones al rojo vivo

«No me arrepiento de nada», asegura el cocinero español Santi Santamaría después de abrir la caja de los truenos con un libro en el que acusaba a otros compañeros de utilizar aditivos «peligrosos»

Publicado por
Miguel Lorenci - madrid
León

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Han pasado seis meses desde que Santi Santamaría (Sant Celoni, 1957) abriera la caja de los truenos y sembrara la discordia en el panorama de la alta concina española con su libro La cocina al desnudo (Temas de hoy) , del que ha vendido 40.000 ejemplares. El cocinero, instalado en la constelación Michelin hace años, ponía el dedo en la llaga abriendo el debate entre el artificio y la sofisticación de la cocina tecnoemocional y molecular, que encabeza su colega Ferrán Adrià, y la línea hipernatural que él defiende y practica. Una concia libre de conservantes y estabilizantes y en la que reina el producto natural y la ausencia de aditivos. Pero el tiempo no ha rebajado la tensión y las espadas siguen el alto, con los fogones ibéricos al rojo vivo. Santamaría insiste en que en la alta gastronomía «hay algo de de bluf», que el fenómeno está «un poco inflado» y lamenta que por decir lo que piensa se le excluya de algunos grandes certámenes. Y eso que Santi Santamaría trata de hacer un ejercicio de elegancia y aún regala elogios a colegas como Ferrán Adrià. Otros grandes de los fogones Aunque lo cierto es que no ha cruzado una palabra con su antiguo amigo desde que publicó el libro que le dio el Premio de ayer y que tampoco ha hablado con otros grandes de los fogones españoles como José María Arzak. Dice Santamaría lo que le parece, pero se nota que le escuece haber sido excluido por ello del olimpo de la gastronomía ibérica y de certámenes como los programas del Icex y Madrid Fusión, el gran escaparate de la internacionalidad de la cocina española en el que estuvo en 2006 y en el que no estará en 2009. Y no será por falta de ganas. Por carta se ha dirigido a los responsables de su organización haciéndoles notar lo conveniente de su presencia. El intento ha sido vano. «Me han castigado sin postre y espero que no me quiten ninguna estrella Michelin» bromea un Santamaría tendrá que seguirá transitando por caminos paralelos a los de los más reconocidos talentos de la cocina española. Afrontará en solitario la valentía que supone defender un cocina plenamente natural y sin aditivos.

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