| Crónica | De camino al escenario |
Las lágrimas de Betancourt «Podemos no resignarnos contra la indiferencia»Todorov: «Ser civilizado es reconocer la humanidad de los otros»
La colombiana pidió «ríos de gente en las calles» para reivindicar la liberación de los secuestrados por las FARC antes de Navidad

José Antonio Abreu, acompañado por varios niños durante el acto
Los periodistas acreditados a los premios Príncipe de Asturias conocían de antemano el texto que iba a leer horas después Ingrid Betancourt. Emotivo, arrancado a su amarga experiencia en la selva y a la gratitud por la ayuda recibida para su liberación, era un discurso para las lágrimas. E Ingrid lloró, arropada por los aplausos del patio de butacas y de los palcos del Campoamor. E improvisó, al pedir una marcha masiva en Colombia, «ríos de gente» en las calles, para pedir la liberación de los demás secuestrados de las FARC antes de Navidad, «el peor momento del año para un secuestrado». Y reclamó diálogo con los captores «pero no impunidad». Betancourt fue junto a Rafael Nadal quien más cariño recibió estos días de los ovetenses. Y ayer devolvió una parte. Tuvo palabras de elogio para la ciudad, la región y para el resto de los premiados. Nadal ya había estado a punto de soltar una lagrimita al agradecer la ovación del público en el teatro, y se le demudó el rostro cuando Betancourt confesó que seguía por radio cada verano sus triunfos en Roland Garros. Más guiños También dirigió un guiño a Larry Page, cofundador de Google. Lo primero que hizo al salir de la selva fue conectarse a internet y ver su correo electrónico. «No quiero hacer publicidad, pero es Gmail -de Google-, así que, gracias», apuntó. Llegado apenas unas horas antes a Oviedo en su jet privado, a Page no se le aflojó la sonrisa un momento. Ni siquiera cuando le reconvinieron con delicadeza por algunos deslices de protocolo. Será un mago del ciberespacio, será uno de los tíos más ricos del planeta, pero Larry Page (Michigan, EEUU, 1973) lo ignora todo sobre el trato con la realeza. Claro que a él, qué más le da. Durante la recepción vespertina a los premiados, previa a la ceremonia de entrega, intentó regalar a los Príncipes de Asturias un teléfono G-1, el móvil con software de Google que la compañía acaba de sacar del horno estos días. Improcedente. Como lo fue, ya en el teatro, pasar de largo ante la Reina sin el debido gesto de saludo. Claro que no es fácil. A la propia Doña Sofía sus asistentes le indicaron que se levantara a la entrada de los premiados de camino al escenario del teatro Campoamor. Entre las autoridades e invitados, Yolanda Pulecio, la madre de Ingrid Betancourt, y una parte del clan Nadal, su madre, su abuelo y su hermana. Don Felipe recordó a un ausente, Severiano Ballesteros, Príncipe de Asturias de Deportes en 1989. «Seve libra ahora un partido por la vida misma. Desde aquí un abrazo», señaló el Príncipe. Y el público volvió a aplaudir. A la ceremonia asistieron también los ministros de Asuntos Exteriores de España y de Venezuela, Miguel Moratinos y Nicolás Maduro, así como las titulares de Educación y Ciencia del Gobierno español, Mercedes Cabrera y Carmen Garmendia, y los presidentes de Asturias, Cantabria y Baleares, entre otros. A Ingrid Betancourt la emoción le entrecortó el habla. La ex candidata a la presidencia de Colombia, seis años secuestrada por las FARC, no olvidó a sus compañeros de cautiverio aún retenidos en la selva, ni a las personas, gobiernos e instituciones que intercedieron por su liberación y la de otros catorce secuestrados. Pero sobre todo, clamó contra la indiferencia hacia la suerte de los que sufren violencia, en América Latina y en cualquier otra región, de los hambrientos, contra la indiferencia hacia la suerte del planeta que habitamos. «Podemos no resignarnos», dijo. | efe El filósofo francés de origen búlgaro Tzvetan Todorov advirtió ayer de que ser civilizado no significa haber cursado estudios superiores o haber leído muchos libros, sino «ser capaz de reconocer plenamente la humanidad de los otros, aunque tengan rostros y hábitos distintos». «Por cómo percibimos y acogemos a los otros, a los diferentes, se puede medir nuestro grado de barbarie o de civilización», indicó en su discurso durante la ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias, celebrada en el Teatro Campoamor de Oviedo, en la que ha recibido el galardón de Ciencias Sociales. El director de la Escuela de Altos Estudios Sociales en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas de París destacó que antes de la época contemporánea, el mundo jamás había sido escenario de una circulación tan intensa de los pueblos que lo habitan.