La contaminación acústica amenaza la supervivencia de las especies oceánicas
león
El incremento de la contaminación acústica de los océanos está poniendo en peligro la supervivencia de las especies marinas como ballenas, delfines y calderones, que emplean sonidos para comunicarse. Así se afirma en un estudio de la ONU que ha sido presentado en la Convención sobre las Especies Migratorias, celebrada en Roma. Según ha afirmado Mark Simmonds, director científico de la Sociedad para la Conservación de Ballenas y Delfines, el ruido provocado por las actividades humanas ha creado una especie de niebla acústica y una cacofonía de sonido en muchas zonas de los mares y océanos del planeta, afectando especialmente a los mamíferos.
El ruido de la navegación comercial y los radares militares silencian los sonidos que producen estos animales, una situación que les asusta, desorienta y llega a alterar su comportamiento. Además, de dañar sus receptores de sonido y provocar estrés y desequilibrios endocrinos, se han observado lesiones en sus tejidos, similares a las que presentan los buceadores afectados por la descompresión inadecuada que se produce cuando ascienden a la superficie demasiado rápido.
Los científicos creen que los sonidos al asustar a los animales, les hacen subir a la superficie más deprisa de lo que son capaces de soportar. Se cree que la contaminación acústica ha provocado que la máxima distancia a la que las ballenas azules pueden comunicarse se ha reducido el 90% en las cuatro últimas décadas.
A estos impactos hay que añadir los efectos del cambio climático, ya que el exceso de dióxido de carbono está provocando un aumento de la acidez del agua del mar, lo que hace que absorba un diez por ciento menos los sonidos de baja frecuencia. Si no se reducen los niveles de gases de efecto invernadero, la acidez marina podía alcanzar unos niveles tales que a mediados de siglo el ruido de los barcos y sonares llegue a una distancia superior al 70%.
Para paliar esta situación, la ONU urge a gobiernos e industrias que adopten motores más silenciosos y sonares menos dañinos, así como medidas más restrictivas sobre el uso de pruebas sísmicas para la exploración de petróleo y gas. Se propone, además, cambiar la ruta de algunos barcos, reducir la velocidad y prohibir experimentos y el uso de sonares en aquellas zonas que cuenten con especies en peligro.