Publicado por
León

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IMAGINA una nevada bestial, antigua. El invierno y la nostalgia casan bien... porque se mienten. Propendemos a recordar los inviernos de antes echándole literatura a la memoria y lejía a la historia. Necesitamos añorar lo que vimos; y aun más, lo que no vimos o nos contaron. Por eso se dice que «el que recuerda, miente».

Así, cualquiera puede asegurar que los inviernos del abuelo eran rudos, tacaños y escarchados, pero con entraña, lumbre y todos alrededor, hirviendo la pota, perfumándose de potaje el cielo de la estancia y escapándose el vaho por el pasillo hasta la puerta de entrada para saludar la gazuza del que llega, una gazuza que entonces ladraba en los estómagos... y así se iba arrimando la sangre y la parentela al calorín del clan, chácharas y briscas, siesta en el escaño (él), cabezada en camilla con brasero (ella, o sea, la «siesta de la llave» que ya conoces)... noche de filorio alguna, de rosario casi todas, de tedio mudo no pocas, quizá suene una radio, la bombilla de la cocina parpadea o languidece porque le llega la corriente de un molino maquilero... se alarga la sobrecena y se tarda en ir a la cama porque aterra abandonar el calor de la cocina y cruzar un pasillo congelado hasta llegar a una alcoba también helada donde espera una cama de tres mantas y cobertor merino cuyas sábanas son ásperas como la piel del marrajo y más frías que un congrio... quietos, pues, en la cocina... que te duermes, rapaz, y te vas a dar de morros contra las brasas...

Inviernos de antes, despensa provista, matanza hecha, hay con qué, hay por qué, «que nieve, que nieve, la Virgen de la Sebe», hasta que dé por la barbilla la blanca carrada, todos dentro, ni las vacas salen, todo el día de gato encerrado, a enredar y forgar y coser y arreglar y componer y aburrirse y barajar, porque en la cárcel de la nieve no queda otro remedio que el que sabes, las tres bes: bota, brasero y baraja (la cuarta be que añadía Pepe Quirós -braga- no era ya tan probable).

A otros muchos la nieve no invitó a lumbre, cuchara y bien llevar. También «la nieve es negra», odiosa nieve en casa del solitario, del pobre o del amargado, pues de todo hubo en el invierno del abuelo... o el de ahora (harán ustedes matanza, ¿no?... y me dijo aquel omañés: ¿matanza?, ¿pa qué?, ¿pa que vengan los hijos y te la coman?...

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