| Crónica | Siete muertos confirmados |
México se vacía de besos y abrazos hasta el fin del brote
La contingencia sanitaria por la gripe ha hecho que miles de mexicanos compren alimentos en masa
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Se acabó el saludar con un beso o un afectuoso abrazo como se acostumbra en México nada más llegar a la oficina cada mañana; al menos, mientras dure el brote epidémico de gripe porcina, que suma 7 muertos confirmados pero tiene pendiente de comprobación más de 140 fallecimientos.
La capital, Ciudad de México, parece un gigantesco quirófano, porque la gran mayoría de sus habitantes caminan por las calles -”los que se atreven a salir-” con mascarillas de tela o «tapabocas», como si fueran cirujanos en plena faena, para esquivar un posible contagio.
Súbitamente, no parece tan extraño que la persona a la que se saluda oculte su boca y nariz. Como mucho, uno se fija en el color o en el tipo, por si es mejor, y anota mentalmente que debe comprarse una como esa para estar más protegido.
Hay quien personaliza su «tapabocas» con una sonrisa, un hocico de cerdo o una frase chistosa. Todo vale para distraer la atención del peligro que al principio nadie tomaba en serio.
El producto más consumido, junto a las mascarillas, los guantes de látex y las toallitas higiénicas son los geles antimicrobios, por la recomendación de lavarse las manos lo más frecuentemente posible.
Con cines, teatros y cafés cerrados y los restaurantes ofreciendo sólo comida para llevar, la bulliciosa vida de la metrópoli deja de latir y los ciudadanos se recluyen en sus casas en espera de que pase la tormenta vírica.
Nada que hacer
Llevo fatal el enclaustramiento, estoy aburrida, no hay nada que hacer, no hay donde salir y si sales es con un poco de miedo», dijo Diana, una joven que lleva desde el sábado en su domicilio. Ocupa su tiempo en leer y ver películas. «Internet es una gran salvación en estos momentos», confiesa. «Los efectos del encierro son fundamentalmente ansiedad e irritabilidad», afirmó el psicólogo Hugo Villalobos.