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Núñez
León

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Y NO PRECISAMENTE de buena esperanza. Con cuatro millones y pico de parados la única conclusión del pasado Debate parlamentario sobre el Estado de la Nación es que España está jodida, dicho sea con perdón, pero también a lo clásico, y que en los discursos de Rajoy y Zapatero no ha habido más que paridas. El difunto Nobel y senador por designación real Camilo José Cela hubiera resumido las intervenciones de ambos como cuando le recriminaban a él que roncara mientras echaba una cabezadina en las plomizas sesiones que redactaban la Constitución: «Señor presidente, no estaba durmiendo, sino dormido». «¿Y no es igual?», volvió a amonestarle Torcuato Fernández-Miranda. «De eso nada», se disculpó el escritor gallego, «no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo». Su paisano Mariano, en fin, piensa igualmente que el país está como lo primero en tanto que nuestro presidente leonés opina muy optimista que esto se arregla con una orgía de subsidios y subvenciones.

O jode a la nación todavía más y perdónese otra vez lo políticamente incorrecto del verbo, pero esto es lo que viene en el diccionario de la Real Academia de la Lengua y, si no viniera, daría igual porque tanto el extinto jurista Fernández-Miranda como el parado con menos letras lo entienden a la primera. Entre las propuestas del Gobierno para salir de la crisis, que van ya por ciento y la madre, destaca un trile de tres: subvencionar los coches, gravar la vivienda y regalar un ordenador nintendo a todo hijo de vecino, parado o no. Como es de suponer, a este tipo de juegos malabares se apuesta con dinero público, o sea impuestos, y este trilero no nos dice en cual de sus tres cubiletes de su particular feria se esconde el garbanzo. Eso es importante, dado que, oiga, los Presupuestos del Estado son habas contadas.

Volviendo a las dos acepciones del académico joder, el Gobierno va a sacar una nueva ley del aborto que quizá tenga como fin último reducir en el futuro el número de parados y que queden para el olvido los actuales. La norma incluye la venta libre y sin receta de la llamada «píldora del día después», una bomba de hormonas que, según los médicos, deja a las mocinas para el arrastre tras haber quedado cual puta por rastrojo. El dicho tampoco es mío, sino de mi señor Don Quijote. Y triste figura hace el ministro Corbacho, dando una vez más pruebas de la descoordinación del Gobierno, cuando propone, a su vez, hacer más hijos para garantizar las pensiones del mañana, como decían con buen criterio nuestras abuelas antes de que se inventara la Seguridad Social: los niños vienen con un pan debajo del brazo.

A ver si se aclaran en el Consejo de Ministros, dado que, cuestiones éticas aparte, un aborto no deja de ser la hogaza del porvenir tirada a la basura. O un polvo desaprovechado, sobretodo a partir de ciertas edades. Hay sistemas menos cabritos para asegurar la solvencia del Estado del Bienestar en situaciones de naufragios titánicos, como el actual hundimiento de la economía española: déjese la dichosa píldora en paz, las mujeres y los niños primero y que repartan la viagra gratis entre nosotros, los prejubiletas y parados de cincuenta y tantos tacos. Dicen que también es mala para el corazón, pero íbamos a morir enamorados cual quinceañeros. Lo que se iba a ahorrar Corbacho, al que le damos desde aquí una última receta y muy barata: que nos la dispense Bibiana, la de Igualdad, o Trini, la ministra de Sanidad que ni siquiera es ATS, pero no la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, porque esa es un antídoto contra la lujuria por muchas cápsulas que se vista encima.

Dicho esto, no se entiende lo del ordenador nintendo del nene y de la nena, con lo fácil y barato que sería apagarles la televisión y dejar lo del póntelo pónselo para Zerolo a fin de reconducir los números rojos del Inserso. Educación para que haya más ciudadanía se le llama a eso.

Y, por último, lo de subvencionar con dos mil euros la compra de coches para que no decaiga la industria también tiene sus más y sus menos cuando cuatro millones de españolitos se desplazan en el paro a puro y duro motor de alpargata.

Me ha soplado el teniente Colombo, que no pasa la ITV desde que compró la última gabardina de segunda mano, que éste puede ser el atraco o el crimen perfecto en lo que a impuestos se refiere: viene una multinacional, se le regalan los terrenos, desgravan los beneficios, si caen las ventas hacen un ERE y paga el Inem, amenazan con largarse -”deslocalización se le dice ahora-” y, con tal de que no lo hagan, se les regala otros dos mil euros, que es lo que vale un coche chino sin impuestos.

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Ni paro ni leches. Al Gobierno no le carburan las neuronas.