CORNADA DE LOBO | PEDRO GARCÍA TRAPIELLO

Dieciséis

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DIECISÉIS es número algo feo, aunque suene a rotundo. El quince es más guapo, no vayas a comparar. Si dibujas juntos un uno y un seis, parecerá la cosa un vago apoyado contra una pared... un vago con bombo... y no digo vaga con bombo por no meter la risa en la llaga femenina y porque los números sólo pueden cantarse en su dominante género masculino: el tres, el ocho, el veinticinco... y es que entre números no cabe lo femenino, salvo si va la cifra en montón de decenas o centenas... y porque los números son empecatadamente machorros y muy viriles... de hecho, no paran de joder... y después pasa lo que pasa: inflación, bombro y a parir... en este caso el 16 también puede parecer una adolescente preñada esperando ante la puerta de una clínica... o detrás de una tapia, pues todo depende de que aborte por las buenas y con garantía médica... o junto a un contenedor.

Dice Josefelipe (algo escandalizado porque una adolescente pueda comprar anticonceptivos o abortar sin decir ni mus) que a los dieciséis años una cría no ha podido adquirir madurez ni responsabilidad... y que no es dueña todavía de su albedrío. Josefelipe tiene ahora cincuenta y cuatro y quizá olvida que su respetadísima abuela se casó a los diecisiete (no de penalty, como alguna maliciosa insinuó), parió por sextuplicado, crió a su tropa con buena nota y hoy la llaman doña Genoveva... y su propia hermana se tiró a las nupcias una semana antes de cumplir los dieciocho. A esas edades tan tempranas se les dio el rango de mujeres hechas y derechas. ¿Y qué sabían de la vida, qué conocían?... A una quinceañera de hoy se la supone redoblada en información... y en ganas sueltas, ni te cuento.

En estas, Marcial, tipo de voto militante y consigna, le preguntó a Josefelipe qué haría si tuviera una hija embarazada a esa edad... y le llamó hipócrita antes de darle tiempo a contestar lo de «una madre-niña es lo moral»... pero para los demás o para el párroco... en casa de uno, la cosa se mide en cuartas, en varas o en guantazos. Y citó a un amigo común que en un fin de curso le compró a su hija una motocicleta para estampar un día los sesos en un bordillo (viva la vida) y este año le pagará un quirófano dermoestético que le arregle los pechitos y los muslitos para que deje de ser pollita.

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