Diario de León

Gente de aquí | La intensa vida de un leonés en Madrid

El último gran maitre del Gijón

El leonés Onofre Villa será homenajeado en su Boñar natal, mientras un grupo de intelectuales reclama para él la medalla al mérito en el trabajo

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| MADRID
León

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Onofre Villa Fernández (Boñar, 1943) llegó a Madrid muy joven, era un crío de 14 años, y encendió todos sus sentidos. V io, escuchó y se buscó la vida. Y aprendía, que entonces la vida enseñaba sin tregua. Tenía tanta prisa por aprender como por comer. Eran tiempos en los que uno, en su pueblo, ante un conjunto vacío de expectativas, se echaba a la ciudad y más allá a la capital; que monte había de sobra. Llegó a estar dos años sin ver a sus padres. Se sentía agradecido por tener trabajo, ganar dinero, por vivir, sencillamente, pero sus ojos se humedecen cuando se pregunta por qué hay que aguantar tanta tristeza. Y la prepotencia de algunos. Eran los años de botones en el Hotel Victoria, en la plaza del Ángel.

Amor al trabajo. Pero Onofre Villa dice que «hay que aprender a hacer algo y querer ser el mejor. Y amar tu trabajo». Y, como en un cuento, con jornadas que no caben en un día, a este montañés al que le salen 52 años trabajando de 66, aquel imberbe botones, con el tiempo llegó a maitre del Café Gijón, donde se jubiló el año pasado con una estela que le hace ser el último grande de los profesionales del Gijón. Cómo se hizo uno de los magos de la hostelería de altos vuelos de Madrid es una historia de premio. Como ha de ser la medalla del trabajo que parece que reclaman intelectuales y que debería llegar rodando sola a las puertas de su casa. Alguna institución hará algo por ella, se supone.

Y a día de hoy, Onofre, el del Gijón, aún ama tanto su profesión que volvería a recorrer todo el camino. Y, como en una pasión casi enfermiza, afirma: «Claro que me hubiera gustado seguir. Tenía una comunión con los clientes que me hace echar de menos ese disfrute, que es lo que fue para mi este trabajo». En casa, al menos, tiene al Café Gijón por todas las paredes. Cuadros, fotografías, libros-¦ Todo, dedicado con afecto máximo. Porque se ve que sabía escuchar, guardar secretos, echar una mano, ser confidente imprescindible. Con un «había de todo y pasaba de todo» resume Villa lo que es un libro obligatorio que algún día escribirá.

Con Francisco Umbral y su mujer fue un amigo escogido, íntimo. Con Fernando Fernán Gómez mantuvo una exquisita y profunda relación. Con Paco Rabal, lo mismo... De ellos dice: «Eran personalidades íntegras, que les paraban los pies a los prepotentes. Quitaron hambre en el café para aburrir». Es decir, que en sus manos de maitre estuvieron los grandes entre los grandes. Y alguna frase se le arranca. Sofía Loren o Ava Gardner eran personajes distantes y algo estiradillas. Burt Lancaster irradiaba carisma y personalidad. Mastroiani era una persona cercana. Rockefeller iba vestido de malas maneras. Y George Bush padre o Sadam Husseim también pasaron por el Gijón en la época de Onofre. Y es que la fotografía de este leonés es Onofre y un ilustre. Pero ahora se merece la foto única de Villa Fernández recibiendo la medalla de oro del Trabajo. Y al fondo su mujer Emma Cepedano y sus hijos, Sergio y Emma.

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