Crimen y ceguera
Hay que tirar ese azud pantanero de San Marcos. Hay que demolerlo con un par... y dos cartuchos. Hay que devolverle a este paso histórico la dignidad natural que le robaron... y a ese puente que ahí hunde los pies en mierda hay que lucirle como lució, pues es puente tan chulo, secular y monumental como la joya que tiene al lado (« el Hostial », le decía González de Lama a mi tío el cura), ese conventazo plateresco de la Orden de Santiago que permite caérsenos la baba muy a gusto.
Bien, pues igual con ese puentazo de inquebrantable firmeza. Se le debe, porque además no ha necesitado gastar un duro en restauraciones eternas como tantos monumentos históricos... sigue sirviendo tras siglos abriendo su tablero para que le cruzaran carros, carretas y mastodontes, amén de la media Europa peatona que busca jubileos... o abriendo sus ojos para que le cruce por debajo un Bernesga que en deshielos baja con furias y arrastres royéndole los zancajos y las zapatas... siglos así... ahí sigue... y ahí le ves inundado en un pantanín tan inútil como aberrante (lo idearon como área recreativa para piraguas y para los clientes del hostial ... y duró diez minutos el recreo; se quedó en nada, decantadero de gravas, vertidos y ponzoña).
Ese azud hormigonero que fusila su contemplación, ese obrón tan cabrón, sería considerado hoy delito gravísimo contra el patrimonio y jamás obtendría licencia. Y en diez minutos sería demolido: «Hágase; restitúyase a su estado original».
No renuncio a ver este singular monumento de suela romana y rehecho en clasicismo dieciochesco libre de aguas paradas y podres, entre sólo pedreronas alomadas con algún paño verde, espadañas y moños de palera... compañía natural... entrándole el río en verano por uno o dos ojos y poniendo rubia el sol la grava morrillera que tuvo siempre su lecho.
Habrá que dar por perdido y ajusticiado el Bernesga al cruzar esta ciudad, pero en este caso, en este paso, es de justicia y de sentido común devolver su grandeza y su belleza al entorno de este puente, enguapecerle, realzar el sitio, reconquistar ese orgullo y venderlo como otra joya patrimonial... Todo lo demás es crimen y ceguera.