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m.i. | valencia
León

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A la espera de ver cómo evoluciona el paciente, el trasplante de cara ejecutado en el Hospital La Fe de Valencia se puede considerar en sí mismo un hito para la sanidad española. Un éxito para el cirujano Cavadas y su equipo y para un sistema nacional de trasplantes envidiado en todo el mundo.

Sin embargo, la identificación del donante, con datos precisos sobre su biografía y circunstancias de la muerte, no sólo vulnera la ley y violenta a la familia del fallecido; empaña también el brillo de todo el mecanismo de donaciones basado en el anonimato y el altruismo.

«Es que yo no tendría por qué conocer ni un solo dato del donante», protestaba ayer Pedro Cavadas. Ni él, ni el público, y mucho menos el receptor. La ley de Trasplantes prohíbe difundir datos que identifiquen al donante ni al beneficiario -”el miércoles también se conoció parte de su filiación-”, y pone especial énfasis en aislar informativamente a uno y otro, así como a sus respectivas familias para evitar perturbaciones psicológicas en todo el proceso.

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