Sobarse y folgar
Hace siglos, las pestes, el hambre perra y una muerte cierta a la vuelta de la esquina o del ábside orillaban a los dioses y metían al diablo en casa, en cada cama se acostaba y de mañanita les llevaba al prado de los pecados (canta el coro «hoy comamos y bebamos, que mañana moriremos») y por la noche al monte de los crímenes y la rapiña. Ocurría esto aun estando gobernados por una fe terrible que ponía en cada plaza un patíbulo para el pecador.
Las previsiones de muertos por la gripe marrana que está constipando los telediarios desde hace cinco meses otorgan a esta pandemia la categoría de peste, por más tamiflú, lavativas y ruedas de prensa que le echen al asunto.
Hoy la fe ya no es tan medieval, tremenda o inquisidora; incluso ni asoma lo que se llamó temor de Dios; pero ya hay quien se lanza al pecado a toda prisa, menos el leonés morugo que en el colmo de su pesimismo patológico se pregunta receloso «ya, ¿y si después nos quitan lo bailao »?...
En Inglaterra, donde espeluznan las previsiones de mortandad por culpa de la gracia vírica de este virus virulento, se están convocando fiestorros por internet donde la gente se dedica a besarse y sobarse con fruición para pillar al bichito por el rabo y contagiarse urgentemente, ya que de esta forma se pillará la peste en su primera fase para la que hay tratamiento previsto y protocolo sanitario. En el caso de contagiarse y superar el trance, el cuerpo quedaría así inmunizado contra las nuevas mutaciones o cepas que irá originando el letal hacheunoeneuno . Estas variaciones del virus asesino pillarán en bragas a la medicina y a la farmacopea, pues aún no se le conoce la cara ni las intenciones; no hay todavía vacuna que valga; y ahí aguarda la muerte con un campeo imprevisible... de manera que esa alocada y medieval alternativa inglesa de rebozarse ahora en abrazos, jugos y pecados tendría su razón de ser. Deberían considerar esta posibilidad las autoridades sanitarias y los teólogos. No se sabe si será forma de inmunizarse, pero al menos los condenados a muerte por esta gripe se llevarían a la tumba un alegrón o un empacho. Es el derecho de última voluntad de todo condenado.