Cosas de aquí | El valle del Luna como antes de la Guerra
Brotes verdes sobre medio siglo de lodazal
La sequía trastoca la realidad y recupera el hábitat que anegó el agua en el valle del Luna, tapado desde 1956

Los animales se han hecho con el lecho del embalse; allí hay alimento. Así fue de forma secular.
En León ya nada es lo que parece. Lo mismo sale un delincuente disfrazado de político tras el parapeto que ofrece una corbata que crece la hierba sobre un lodazal. La sequía es capaz de voltear la realidad. Siete meses sin que el cielo regale una gota parecen suficientes para dar sentido a la alucinación que puede sufrir quien bordee el embalse del Luna. Porque lejos de agua verá prados verdes; y en lugar de las tablas serenas que anegaron mil hectáreas habrá animales en hora de pasto. Asomarse al Luna es como regresar medio siglo, como avanzar por los calendarios de hace 53 años. El primer gran valle leonés que devoró la dictadura es paradigma de lo que hay. Sobre el lodo que ha sedimentado el agua se nutren los rebaños, incapaces de lograr otro sustento entre tanto terreno agostado en el ciclo que preside la sequía. El Luna de hoy es paradigma de León: el brote verde crece en un lodazal. La tierra firme está inerte. El placebo será posible mientras la sequía no remita y a la escasez le suceda un periodo de precipitaciones de las que hacen época.
El repliegue del agua sobre lo que fue Láncara, de Miñera a Lagüelles, de San Pedro de Luna a Casasola, de Cosera a Santa Eulalia o de Truva a Ventas de Mallo, dio paso a la estampa que parecía una utopía tras el cierre de la presa. Salió a flote el medio de vida secular de los cientos de personas a los que despojaron de sus casas, de sus propiedades, de sus vidas.
León no espera lluvia que enjugue sus urgencias. De hecho, León hace años que no espera nada. Se confirma con ver detalles de lo que le impidieron ser. Que los valles más fértiles, que su hábitat más equilibrado, murieran anegados por obras de ingeniería. De repente, y gracias a esos ciclos que impone el tiempo, las cosas retornan a su ser.
El río por su cauce invita a los sucesores de los exiliados a regresar para ver que la tierra de sus antepasados esconde algo más que dolor y cicatrices en el alma.