«El paro hiere la dignidad de las personas»

Don Felipe pide, durante la entrega de los Premios Príncipe de Asturias, «cohesión, generosidad y sentido de la responsabilidad a favor del interés general»

El alcalde de Berlín y los regidores de Berlín Occidental entre 1984 y 1989 y del Berlín unificado e

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ARANTZA PRÁDANOS | OVIEDO
León

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La ausencia de libertad, la pobreza, la enfermedad, la injusticia son afrentas directas a la condición humana, y a esta nómina se suma también la falta de trabajo. España atraviesa el peor escenario económico de las últimas décadas y el Príncipe de Asturias no quiso obviar la pesadilla de los 4,1 millones de desempleados registrados por el Inem. «El paro hiere nuestra dignidad como seres humanos», dijo Don Felipe en su intervención durante la entrega de los premios que llevan su título. Con galardonados como Ismail Kadaré (Letras), la Universidad Nacional Autónoma de México (Comunicación y Humanidades),la OMS (Cooperación Internacional) y la ciudad de Berlín (Concordia), entre otros, la ceremonia final de la vigésimo novena edición se convirtió además en un clamor contra los muros y barreras que separan a los seres humanos.

Es su discurso más importante del año y el heredero de la corona desliza siempre en Oviedo alguna referencia a la actualidad nacional. Ahora el paro es el gran agujero negro y resulta difícil hacer la vista gorda, más aún el día en que se conoció la Encuesta de Población Activa (EPA). El paro «es la consecuencia más dolorosa de la crisis económica que vivimos, hiere nuestra dignidad como seres humanos y constituye nuestra principal preocupación», subrayó ante el auditorio del teatro Campoamor. Esta situación exige, a decir del Príncipe, que «los Estados faciliten» a quienes se encuentra en tal situación «la necesaria protección social» y activen las políticas de empleo precisas para que jóvenes y desempleados se inserten en el mercado laboral. Después de un largo ciclo de bonanza, las vacas flacas obligan a todos a trabajar «codo con codo», sin esperar «que sean otros los que resuelvan lo que a nosotros nos corresponde afrontar». Y a hacerlo con «generosidad», «sentido de la responsabilidad» y poniendo por delante «el interés general», remató Don Felipe, en lo que sonó a -˜recado-™ especial para la oposición política.

1397124194 Contra los muros. Quizá el recurso sea fácil, pero este año en los premios Príncipe de Asturias tocaba hablar de muros. El paro lo es, de alguna manera, y también lo son el de Berlín, derruido un 9 de noviembre hace 20 años, el muro simbólico que aísla a millones de personas privadas de acceso a un derecho básico como la sanidad, o las barreras dinamitadas por el teléfono móvil y el e-mail (premio de Investigación Científica y Técnica). El alcalde actual de Berlín, Klaus Wowereit recogió junto a sus dos predecesores en estas dos décadas el galardón de la Concordia concedido a la ciudad. Un premio a las ansias de libertad de los berlineses -”dijo Wowereit-”, y a la ayuda prestada en 1989 por «muchos amigos en el extranjero, entre ellos, y no en último lugar, de España con su presidente Felipe González». Reunificada ya, la capital alemana mira al futuro con optimismo, bastantes problemas y sin olvidar el pasado. «Berlín siempre es consciente de su responsabilidad histórica», apostilló.

Como la libertad, la salud «es la esencia misma de nuestra humanidad común», subrayó Margaret Chan. Ante los invitados a la ceremonia, presidida por los Príncipes y con la Reina en el palco de honor, la directora general de la Organización Mundial de la Salud (Cooperación Internacional) habló de patógenos, de la pandemia de gripe A, del sida, la malaria y de las inquietantes diferencias en el campo de la salud entre países. La cooperación internacional en este terreno es un imperativo ético y una necesidad. «Un mundo con tan grandes desequilibrios en el terreno sanitario no es un mundo seguro», insistió Chan. Los virus, véase el H1N1, no saben de fronteras.

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En nombre de los premiados, José Narro, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (Comunicación y Humanidades), defendió el valor de la educación como «vía de superación humana, individual y colectiva».