Diario de León
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Liturgia dominical

JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES

Fue Pío XI quien, en 1925, instituyó esta solemnidad como recuerdo de aquel Año Santo y con idea de que fuera una ayuda catequética para la fe en la realeza universal de Cristo. No es Rey por una elección popular, ni por una sucesión dinástica, sino por ser Hijo de Dios, hecho hombre y salvador de los hombres. Y por eso es «Evangelio», buena noticia dada a los hombres sobre Dios, Padre que ama, y sobre los mismos hombres, llamados a ser, en el Espíritu, hijos en el Hijo. Ciertamente, el vínculo entre la realeza y verdad (autenticidad) no es externo a la persona de Jesús. El es al mismo tiempo el Reino y la Verdad.

¿Un rey maniatado y crucificado? ¿Qué manera de reinar es ésta? Jesús mismo, al contestar a Pilato, nos da la clave: «Mi Reino no es de este mundo». Por eso no se ajusta a nuestras coordenadas y choca, tan de frente, con nuestra mentalidad: supone un cambio profundo, un estilo nuevo de ser. Es como si dijera: Se equivocan los que quieren que el Reino avance a golpe de violencia, o de condenaciones, o andan discutiéndome el derecho a preferir con los más pobres y de morir como los más desgraciados. Se equivocan los que buscan sentarse a mi derecha, cuando lo que importa es servir a todos. Se equivocan cuantos pretenden que este Reino sea suyo en exclusiva, olvidando que yo vine para que todos tengan vida. Se equivocan quienes lo buscan por caminos de prestigio, o pretenden comprarlo con el dinero de sus arcas. Se equivocan los que llegan a él cargados de recomendaciones, pero vacíos de buenas obras. Se equivocan los que olvidan que, en el Reino, la última palabra de la justicia es el perdón, y el mayor título de gloria es el servicio.

¿Cuál es su Reino, puesto que la predicación de Jesús anuncia, como Buena Noticia, que este Reino ya está presente entre nosotros y que un día será realidad, como regalo de Dios. Precisamente, en el prefacio, daremos gracias a Dios por el Reino de Jesús, que es «el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz». O sea, que todo lo que hay en el mundo, sea donde sea, de verdad o de vida, de justicia, amor y paz, todo ello, es el Reino de Dios, aunque sean valores vividos en personas no cristianas. Así nos lo revela el mismo Jesús.

Todo cristiano debe ser un apasionado por el Reino de Jesús, por conseguir que todo hombre viva con más verdad y vida, más santidad y gracia, más justicia, amor y paz. Así lo fue Jesús. Aunque sepamos que este Reino suyo y nuestro nunca se realizará plenamente en este mundo, creemos y esperamos que la plenitud de realización del mismo está en el futuro, en la culminación de la historia del hombre en la casa de Dios Padre.

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