Crónica | P. C. González
Enfermos y pobres en el medievo leonés
La investigación se centra en proporcionar una visión de los cuidados asistenciales ante la enfermedad y la pobreza en León desde finales del medievo hasta principios de la época moderna (siglos XV y XVI)
El objetivo de este estudio, dirigido por los doctores de la Universidad de León Gregoria Cavero Domínguez y Prisciliano Cordero del Castillo, y elaborada por María Paz Castro González, es dar una visión general del fenómeno asistencial leonés, desde finales del medievo y en los comienzos de la época moderna, con sus características y líneas definitorias: La situación social del enfermo; el escaso interés que parece que despertaban los enfermos para los sectores de poder; los centros asistenciales en el ámbito leonés, independientemente de su fundador; así como el nivel teórico del conocimiento de las enfermedades, los conocimientos técnicos y los recursos materiales y humanos que se podían aplicar y poner a disposición del enfermo y, en ocasiones, al conjunto de la sociedad, como en el caso de las epidemias.
Una necesidad de dar explicación a los hechos que el hombre no podía controlar hizo que muchos de esos hechos se relacionasen con elementos sobrenaturales, siendo así cómo se diviniza la salud y cómo los procesos morbosos se recubren de una aureola de misterio otorgándoseles un carácter mágico simbólico e incluso diabólico.
En este periodo, la población se sitúa en unos índices de gran pobreza, con deficiencias higiénicas, físicas y psicológicas muy graves, en una población en la que la mayoría eran pobres (mendigos vagabundos), enfermos y peregrinos, por lo que la sociedad era una sociedad enferma, siendo difícil entrar a valorar el concepto de enfermo que tenían los hospitales, como condición para permitir el ingreso. La demanda de asistencia era de todo aquel que lo necesitase, cualquiera que fuese su dolencia a excepción de los problemas de piel que se atendían en las malaterías.
Hospitales. Por eso para los individuos de clase social menos favorecida los hospitales tenían mucha importancia, al tener un triple significado: el de hospedería para albergue de viajeros y peregrinos de paso por el Camino de Santiago, el de asilar donde se recogía y mantenía a los pobres, mendigos y vagabundos, y el hospital propiamente dicho donde se atendía y cuidaba de los enfermos. No así para la clase alta, que se podía permitir, si se ponían enfermos, ser atendidos en sus propios domicilios por el médico, y además comprar los fármacos prescritos y los alimentos más adecuados a sus dolencias.
Basándose en estos planteamientos, se eligieron tres hospitales, de características demográficas y climáticas parejas, de lugares cercanos y de triple carácter: hospedería, asilar y hospital, pero a pesar de las similitudes, las tres tenían características propias que les dotaban de peculiaridades y de individualidad: el hospital de San Antonio Abad en León, de fundación eclesiástica, perteneciente al cabildo catedralicio; el de las Cinco Llagas de Astorga, perteneciente a la cofradía del mismo nombre, debido a que en esta ciudad las fundaciones fueron más de carácter social a través de las cofradías, y el de la Reina de Ponferrada, fundado por iniciativa civil, pero más que una nueva fundación hospitalaria, lo que los Reyes Católicos hicieron, fue una esplendida donación de una propiedad conocida como «Cabañas de Fabero», aportando al hospital rentas cuantiosas para siempre, y así poder atender más holgadamente a los que se alojaban en él.
Males e infecciosas. Dentro de este estudio, hemos analizado las enfermedades comunes o más cotidianas y profundizado en las infecciosas por ser el grupo de mayor impacto a lo largo de toda la historia de la humanidad. Entre este tipo de enfermedades infecciosas, solo mencionaremos la peste o pestilencia, por presidir a un grupo de enfermedades epidémicas de gran letalidad, como el tifus exantemático, la viruela y el sarampión; la lepra por tener carácter estigmatizante y la sífilis por ser, una de las enfermedades que asolaron los dos continentes, unidos por el descubrimiento de América, muy contagiosa, con grandes efectos morbosos, una dolencia endémica, bastante molesta y dañina, con una gran repercusión social y con una gran carga de condena moral.
Los tratamientos que se aplicaban a las enfermedades que padecían los individuos, fueron diversos: bien a través de fármacos, de prácticas supersticiosas, o también de la alquimia y la astronomía y de curaciones milagrosas, al intervenir en ellas fuerzas sobrenaturales. Los remedios y tratamientos más utilizados eran las sangrías, las ventosas, los ungüentos, los purgantes, jarabes y la cirugía, para abrir los bubones, bien mediante incisiones o con cataplasmas encima de ellos, para que estos madurasen y pudiesen supurar.
La alimentación se la consideró como una medicina más. Por eso era necesario saber qué, cuanto y cuándo había que comer, debido a que los alimentos y las bebidas contribuían a la salud o por el contrario a la enfermedad. Habitualmente la ración consistía en pan, vino verdura y carne, algunas veces esta última era sustituida por «viandas», y el coste podía oscilar de entre 10 a 34 mrs., aunque la más corriente era la de 17 mrs. Los enfermos tenían ciertos privilegios en cuanto a la alimentación, y de los ciento cincuenta días al año que la Iglesia mandaba de ayuno y abstinencia, (días que no se podía comer carne ni otros alimentos) se establecieron mecanismos que condonaban esas normas, pudiendo los enfermos comer todo tipo de alimentos, en cualquier día del año.
No solo fueron motivo de atención los alimentos, también las bebidas, y en especial el agua, que tuvo mucha controversia por parte de la clase médica, seguramente por temor al contagio, por lo que no se recomendaba el «agua cruda» y sí la mezclada con vino o miel u otro tipo de sustancias.