¡Gaudete! El Señor está cerca
Liturgia dominical
JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES
El III domingo de Adviento es, con palabra latina el domingo « Gaudete ». Con este título se nos recuerda que es el domingo de la alegría (« alegraos » es la traducción de esa palabra). Este es el estado de ánimo que nos pide la liturgia de este día. Quizá venga bien recordar la denuncia de un pensador: « Cristianos ¿dónde habéis escondido la alegría ?». La realidad es que nuestras asambleas litúrgicas, las gentes más asiduas a nuestras misas no son las que mejor ofrecen un rostro y unos hechos risueños y gozosos. Reflexionemos sobre esta « triste » realidad. La Palabra da el tono y el secreto de la alegría, que debe llegar a ser nuestra postura existencial. Y es que la alegría no depende necesariamente de nuestra situación personal. Se da la paradoja de que personas cuya vida no va precisamente bien, son personas alegres y esperanzadas y, otras, a quienes la vida sonríe, nunca están satisfechas con nada ni nadie.
M. Luther-King lo expresa de una manera muy hermosa: « Una fe religiosa positiva no ofrece la ilusión de que estaremos exentos de dolor y sufrimientos, ni nos imbuye la idea de que la vida sea una serie indefinida de comodidades y de placidez sin estorbos. Más bien, nos proporciona el equilibrio interior necesario para combatir las tensiones, las pesadumbres y los temores que inevitablemente nos asedian, y nos asegura que el universo es digno de confianza y que Dios piensa en todo.... Esta fe transforma el torbellino de la desesperación en una brisa cálida y vivificante de esperanza. Debemos grabar en nuestros corazones las palabras de un lema que una generación anterior podía aún leer en las casas de muchas personas devotas: ¡El miedo llamó a la puerta. Salió la fe a abrir. Y no había nadie! ».
Hoy es Juan el Bautista, en el evangelio, el que nos confronta con un programa ético de vida, con un estilo de actuación, que es según él lo que demostrará que de verdad esperamos al Salvador y preparamos sus caminos. Todos tenemos tentaciones: el egoísmo que nos encierra en nuestro propio bien, la ambición que nos impulsa a aprovecharnos de los demás, la tentación dictatorial que nos hace abusar del poco o mucho poder que tenemos. Por tanto, es una lección que todos debemos tomar hoy en serio, sea cual sea nuestra condición y estado. Todos tenemos algo para compartir, momentos para practicar la justicia, tentaciones de dominio que superar. Y tal vez serán sencillos los que más atenderán, como casi siempre, la llamada que Dios nos hace con su venida. Porque muchas veces lo que hay que compartir no son las riquezas, sino nuestro tiempo, nuestra buena cara, nuestra mano que sabe ayudar: Ahí puede estar la fuente de la alegría auténtica.