Cornada de lobo | pedro trapiello
Paradojas dos
Sonaron campanadas de desaire airado. Alguno toca a muerto porque se cuece un crimen. Vuelve otra vez la guerra tremendona de cristazos en la crisma por un quítame allá esos crucifijos de las aulas. Gran asunto nacional, ya ves. Se enzarzaron los que quisieron. Trepidaron las tertulias. Entrando al trapo, la derechona abollada se subió al púlpito; y el clero, al campanario. La izquierdina, encantada con la bulla. Se reeditan viejos éxitos de agitación nacional, facilotas melodías... y se exhuman de cunetas y paredones los viejos muertos por la fe o por la razón, que es a donde siempre vamos a parar, a tocarnos los muertos.
Parece que el asunto de eliminar los símbolos religiosos de las aulas ha proporcionado aliviadero a este cabreo nacional que está cebado por la crisis y por la amenaza navideña que ya está encima. Se discute con pasión. Resurgen el viejo miedo al comecuras y al sacamantecas que roba los niños de los belenes para sacarles el unto y hacer con él jabón nenuco bendito para blanquear sepulcros civiles y conciencias laicas. Y como ya es Navidad desde hace un mes largo, ven asediada la ternura de las fechas y se propaga el temor de que lo próximo que prohibirán los socialistas en los colegios serán los belenes, uy, qué malos que son... y dicen que así, reculando y renunciando a las señas de nuestra civilización cristiana, nos estamos bajando las bragas maragatas y los calzones patrios para que venga el mulsulmán corrupio y nos meta el minarete de una mezquita por el culo... que es a donde siempre vamos a parar, a tocarnos los dioses.
Y anota dos paradojas: hay quien se escandaliza por la retirada de cruces de las aulas y no se rasga la camiseta al verlas profanadas entre los colgajos, la metralla de bisuta pagana o las tetitas poco novicias de la pandilla gótica de su hijita del alma... y hay también quien pregona su laicidad racionalista exigiendo urgencias en retirar simbología religiosa de espacios públicos y después se persona el muy majadero en procesiones con cortejo de autoridades o se pone a pujar por un paso representando a su pueblo o ciudad que no le votó para mear pilas. No son paradojas, me dicen, son parajodas.