Josema Yuste: «Ione Belarra es una facha por insultar a quienes crean empleo»
El humorista defiende con contundencia que la cultura no es propiedad exclusiva de la izquierda, calificando esa idea como una falacia absoluta

Santiago Urralde y Josema Yuste. DL
Josema Yuste, rostro imprescindible de la comedia en España y recordado por su etapa en el legendario dúo Martes y Trece, ha adoptado en los últimos años un perfil muy crítico hacia la gestión de Pedro Sánchez. El actor denuncia la imposición de un pensamiento único por parte del Ejecutivo y se define abiertamente como un demócrata de centro derecha, asegurando que su transparencia ideológica le ha pasado factura en un sector cultural que, según su visión, castiga la disidencia política.
El humorista defiende con contundencia que la cultura no es propiedad exclusiva de la izquierda, calificando esa idea como una falacia absoluta. Para Yuste, el arte pertenece al pueblo y los profesionales deben limitarse a ofrecer su trabajo sin necesidad de ejercer un activismo obligatorio. En este sentido, reivindica figuras como la de Arturo Fernández como ejemplo de que se puede tener éxito y talento sin compartir los postulados progresistas predominantes en el gremio.
En sus declaraciones más recientes, el intérprete lamenta el uso despectivo del término facha para señalar a quienes no comulgan con el Gobierno actual. Yuste sostiene que la verdadera intolerancia reside en quienes insultan a los empresarios y generadores de riqueza. En concreto, califica de facha e imbécil a Ione Belarra por sus ataques a Juan Roig, defendiendo que señalar como despreciable a alguien que crea miles de puestos de trabajo es una muestra de ignorancia y falta de luces.
A pesar de las posibles repercusiones profesionales, Yuste se mantiene fiel a sus principios y afirma que jamás votará a una formación de izquierdas. Aunque recalca su máximo respeto por los votantes de partidos como el PSOE, Sumar o Podemos, exige que ese mismo respeto se le devuelva a él. Su prioridad actual sigue siendo el cariño del público, un reconocimiento que sitúa por encima de premios oficiales o del beneplácito de las instituciones políticas.