Meryl Streep y la crisis de la revista impresa

La actriz, en el papel de la pérfida Miranda, vuelve a ser lo mejor de 'El diablo viste de Prada 2', una simpática secuela con excesivos guiños a la cinta originaL

Meryl Streep interpreta a una despótica editora

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Agencias

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Hace veinte años, 'El diablo viste de Prada' causó sensación entre buena parte del público. Basada en la novela homónima de Lauren Weisberger, la comedia dirigida por David Frankel y escrita por Aline Brosh McKenna ofrecía una juguetona y ácida visión del mundo de la alta costura y lo hacía siguiendo los pasos de Andy, una joven periodista que comienza a trabajar como ayudante de Miranda, la editora de 'Runaway', la revista de moda más influyente y poderosa de Nueva York. Ajena a ese universo, Andy, a la que daba vida Anne Hathaway, se acercaba a la industria con recelo y cinismo, pero el día a día acababa dándole otra perspectiva de un mercado del que nadie puede escapar. Resultaba fácil identificarse con aquella pipiola que en el desempeño de sus tareas, tenía que enfrentarse con Emily (Emily Blunt), la principal asistenta de Miranda, y forjaba cierta amistad con Nigel (Stanley Tucci), su fiel escudero, al tiempo que iba cambiando de aspecto cual cenicienta. Pero, sin duda, era Meryl Streep quien robaba toda la película con su pérfida Miranda. Inspirada en Anna Wintour, la ejecutiva británica que desempeñó el cargo de jefa de redacción de 'Vogue' durante casi cuarenta años y que ahora es directora global de contenido de Condé Nast y directora editorial global de 'Vogue', las ocurrentes frases de esta dama autoritaria, intocable, estirada, exigente, fría y sin alma aparente, levantaban una película que, vista ahora, encierra un mensaje cuanto menos problemático: si quieres prosperar en el plano laboral, deja a un lado a tu pareja y a tus amigos y no pongas ningún límite a tu jefa. ¿El resultado? Unos estimables 326 millones de dólares en todo el mundo, todo un éxito para una novela que nacía de las experiencias que la propia Weisberger había vivido al servicio de Wintour. Veinte años después, el equipo vuelve a reunirse para contar qué fue de aquellos personajes. Andy se ha convertido en una de las plumas estrella de un periódico neoyorquino. Ejemplo de ello es que acaba de ganar un reputado premio. Justo en la ceremonia de entrega, ella y sus compañeros reciben un fatídico mensaje: han sido despedidos. A Miranda no le va mucho mejor: acaba de salir a la luz un artículo que denuncia la explotación laboral en 'Runaway' y, en concreto, las malas prácticas de su editora de moda. Con la reputación de la revista maltrecha, el CEO del grupo fichará a Andy para controlar el relato y revertir la crisis. Es el punto de partida de una historia que retrata con sumo acierto cómo ha cambiado el negocio, la precarización del periodismo y la caída en desgracia de este tipo de publicaciones que tienen en el lujo y el lector de gran poder adquisitivo su gran nicho. De volar en primera clase o 'bussiness' a clase turista, del chófer al Uber, de la revista impresa a la dictadura del click, el algoritmo, lo volátil y la imperiosa necesidad de llegar verdaderamente al lector y no solo a otros periodistas. Y siempre pendientes de los caprichos del CEO de turno que puede entender, o no, el negocio y que visualiza el mercado como un juego de tronos a lo 'Succession', donde las adquisiciones, las ventas y las traiciones están a la orden del día. Fue precisamente todo ese trasfondo el que animó al director y a la guionista a retomar estos personajes. Tras la buena acogida de 'El diablo viste de Prada', Frankel y Brosh McKenna se plantearon la posibilidad de hacer una secuela casi inmediatamente, pero como los personajes habían tomado caminos diferentes, lo descartaron. "Entonces, el mundo del periodismo impreso cambió. El mundo cambió. Para poner las cosas en perspectiva, el primer iPhone no salió al mercado hasta un año después del estreno de la primera película, y creo que eso fue el principio del fin. Y a medida que veíamos cómo el mundo del periodismo impreso continuaba su declive año tras año, tenía sentido explorar este cambio y desarrollar una historia en la que estos personajes acabaran interactuando de nuevo", explica Frankel en las notas de producción. "Nos fascinó -continúa- la cuestión de cómo Miranda presidiría la caída de su imperio o, en el caso de Andy, ¿qué haría falta para que volviera a 'Runaway'? Queríamos explorar las concesiones que estos personajes tienen que hacer para mantener sus carreras". Simpática y entretenida, 'El diablo viste de Prada 2' se disfruta más si se tiene fresca la entrega anterior, pues lanza varios guiños, quizá excesivos, a algunos de los gags de la primera parte. En todo caso, vuelve a ser Miranda quien roba toda la atención de una cinta que plasma también la evolución de la sociedad hacia la corrección política, mientras la reina de la moda intenta comprender el desconcertante mundo en el que se mueve ahora, donde no puede tratar a sus empleados como esclavos o hacer mofa de los cuerpos no normativos. Al excelente trabajo de Meryl Streep, hay que sumar la química de la pareja que forman Stanley Tucci y Anne Hathaway. Ambos elementos son lo mejor de una película que cuenta con Justin Theroux, B. J. Novak y Kenneth Branagh y cameos de Donatella Versace o Lady Gaga. El tour promocional que ha llevado a los protagonistas por buena parte del planeta, con retransmisión en Disney+ de la alfombra roja de la premiere mundial incluida, quizá logre convertirla en la película evento que la primera entrega jamás fue.

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