Javier Gutiérrez se sumerge en la tradición gallega con "Rondallas": una historia de duelo y sanación colectiva
El actor protagoniza la nueva película de Daniel Sánchez Arévalo, donde la música tradicional de las Rías Baixas se convierte en el motor para superar una tragedia comunitaria y recuperar la esperanza

Javier Gutiérrez regresa a la gran pantalla con un proyecto profundamente ligado a sus raíces y a la identidad de Galicia. En su reciente colaboración con el director Daniel Sánchez Arévalo, el actor se pone al frente de "Rondallas", una cinta que explora cómo un pequeño pueblo marinero intenta reconstruir su tejido emocional tras el traumático naufragio de un pesquero. La trama se sitúa dos años después del accidente, en un momento en el que el luto ha paralizado la vida de los vecinos y ha silenciado la música que solía unirlos.
La película pone el foco en las rondallas, agrupaciones musicales tradicionales del sur de Pontevedra que reúnen a centenares de personas de todas las edades, desde niños hasta ancianos. Gutiérrez interpreta al impulsor que motiva a sus conciudadanos a retomar estos ensayos y participar en un concurso musical contra pueblos vecinos. Sin embargo, el objetivo real de la agrupación no es la competición, sino utilizar el arte y la convivencia como una herramienta de sanación grupal para volver a mirar hacia el futuro.
Durante el proceso de creación y promoción del filme, Javier Gutiérrez ha destacado la importancia de retratar la "cultura de lo colectivo" en una sociedad que tiende cada vez más al individualismo. Para el actor, que se crió en Galicia, el rodaje supuso una inmersión auténtica en este universo, trabajando minuciosamente el acento y conviviendo con rondalleros reales. Esta experiencia le ha permitido reflexionar sobre el poder de la comunidad para gestionar el dolor y la necesidad de encontrar espacios compartidos donde el sufrimiento individual pueda aliviarse a través de la pertenencia a un grupo.
"Rondallas" huye del drama forzado para ofrecer un relato luminoso sobre la resiliencia y la importancia de las raíces. La película no solo rinde homenaje a las víctimas de las tragedias marítimas, sino que también celebra la vitalidad de las tradiciones rurales que, lejos de ser algo del pasado, se presentan como un refugio necesario en tiempos de crisis. Con este estreno, Gutiérrez y Sánchez Arévalo invitan al espectador a una reflexión universal sobre cuándo es el momento legítimo para volver a sonreír tras una pérdida.