Diario de León

Las raíces de una leyenda: Emilio Aragón rememora el exigente método del circo que forjó su carrera artística

El polifacético artista echa la vista atrás para ensalzar la trayectoria de sus abuelos paternos, destacando que el rigor y la constante preparación bajo la carpa marcaron a fuego el devenir de su dinastía

El actor y humorista, Emilio Aragón presenta en Palma 'Godspell. El musical. Una nueva Pasión', que produce junto a Antonio Banderas, este lunes. EFE/ Cati Cladera

El actor y humorista, Emilio Aragón presenta en Palma 'Godspell. El musical. Una nueva Pasión', que produce junto a Antonio Banderas, este lunes. EFE/ Cati Cladera

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Llevar el entretenimiento en la sangre no es fruto del azar, sino el resultado de un legado forjado a base de sudor, talento y resiliencia. Así lo ha recordado en numerosas ocasiones Emilio Aragón, quien a sus 67 años mantiene intacto el orgullo por sus orígenes familiares. Aunque la gran mayoría del público lo identifique de forma inmediata con los hitos de la pequeña pantalla, los cimientos de esta conocida saga hunden sus raíces mucho más profundo, concretamente en la tradición de las artes escénicas itinerantes.

  Pese a no haber podido coincidir en vida con su abuelo —fallecido unos años antes de su nacimiento—, la huella de sus antepasados paternos ha permanecido siempre muy presente en su trayectoria. Su abuelo, Emilio Aragón Foureaux (conocido artísticamente como Emig y miembro del célebre trío Pompoff, Thedy y Emig), combinaba la comedia con la destreza instrumental y la composición, mientras que su abuela destacaba como bailarina y acróbata. Aquella generación de artistas se caracterizaba por una absoluta polivalencia y una capacidad innata para reinventarse ante cualquier adversidad. 

Al echar la vista atrás para recordar el periplo internacional que sus antepasados protagonizaron por América y Europa a principios del siglo pasado, Aragón subraya que la mayor enseñanza de aquel modo de vida fue la exigencia. Bajo la lona de la carpa no existía margen para la improvisación casual ni para el descanso excesivo; era una escuela donde la supervivencia dependía directamente del esfuerzo diario. 

Con una filosofía de trabajo tan marcada donde "si no se ensayaba, no se comía", el clan interiorizó un respeto casi devocional tanto por los espectadores como por el propio oficio. Esa valiosa herencia de constancia, adaptabilidad cultural y entrega absoluta es, según el propio artista, el verdadero motor que ha impulsado a su familia generación tras generación sobre los escenarios.

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