Diario de León

Katy, la perra que atiende en lengua de signos

- María José lleva catorce años entendiéndose en lengua de signos con su perra Katy

León

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Katy es una perra de raza bichón maltés. Blanca, pequeña y pizpireta. La hija de María José quería un gato, pero no encontraron el adecuado y se decidieron por una mascota canina. Cuando empezó a enseñarle su lengua de comunicación, mucha gente se llevaba las manos a la cabeza. «¡Cómo va a aprender una perra lengua de signos!», le decían.

En la entrevista, mediada con intérprete de lengua de signos, comenta: «Se piensa que los perros sólo tienen oído y olfato pero también tienen capacidad visual», asegura María José. La perra también se entiende con las personas oyentes, como su hija, pero se nota que atiende a los signos. Se queda quieta, muy tiesa y mira fijamente a su dueña cuando le gesticula. 

Si le pregunta cosas como ¿dónde está papá? en casa, la perra salta al suelo y empieza a buscar a su marido por todos los sitios. «Con mi hija me pasó igual, la lengua de signos es su lengua materna. Ella es oyente pero tanto yo como mi marido somos personas sordas signantes», precisa.

Katy también prefiere la lengua de signos. «Cuando le hablan o le riñen hablándole (en lenguaje oral) no presta atención», asegura María José. En esta familia han establecido un código de comunicación con su mascota basado en los gestos. Cuando Katy quiere agua pica con la pata a su dueña. Es como si supiera que si ladra no le van a poder oír ni, por tanto, hacer caso. 

A lo largo de estos catorce años de convivencia en una familia signante, la perra ha aprendido cosas que son muy útiles para sus dueños. «En nuestra casa, el timbre es lumínico y cuando hace mucho sol, no lo vemos. Pero la perra lo oye, nos busca y nos lleva hasta la puerta», apunta la dueña.

Para Katy lo normal es comunicarse con personas sordas y concentra para captar el sentido de los gestos. «Cuando viene una persona sorda enseguida le presta atención y le mira», mientras que a las personas que hablan no les hace mucho caso.

«Si  pregunto a Katy ¿dónde está papá?, la perra se baja al suelo y busca a mi marido por toda la casa»

María José Rodríguez Álvarez subraya que el aprendizaje tiene que empezarse cuando los perros son pequeños. Katy se ha acostumbrado a mirar todo el rato a su dueña para saber cuáles son los planes. Entiende perfectamente los gestos para salir de paseo o volver a casa, el signo del abrazo con el que le muestra el cariño que les une y otras muchas cosas de la vida cotidiana. «La quiero y la cuido muchísimo, como si fuera mi hija. A veces es muy pesada, pero la quiero mucho», insiste.

A sus años, Katy ya tiene una pequeña catarata en los ojos. «He notado que con la catarata se esfuerza en mirando mucho más que antes, igual que le ocurre a una persona sorda», añade María José.

Aunque parezca un caso raro, no lo es tanto. Pero la invisibilidad que sufre la comunidad sorda en general hace que las hazañas cotidianas de sus vidas pasen desapercibidas. «Una vez puse un vídeo en las redes sociales y fue muy emocionante. Me escribieron más personas sordas que tienen perros y se comunican con lengua de signos».

«Como para mi hija, para Katy la lengua de signos es su lengua materna»

En el mundo oyente, todavía hay muchas personas que no se lo creen. «Se lo demuestro y quedan con la boca abierta. Está muy bien que se dé a conocer. Hay mucho desconocimiento de las personas sordas y, por supuesto, de sus posibilidades de comunicación con las mascotas», apostilla esta mujer que ha dado clases de lengua de signos y que echa en falta subtítulos en la televisión y el cine, más intérpretes y más acceso a la información para las personas sordas.

Invita a la ciudadanía en general a que se acerque a la lengua de signos y la descubra. «Es nuestro vehículo de comunicación y forma parte de nuestra identidad», señala. María José puntualiza que aunque algunas personas sordas pueden comunicarse oralmente o tienen dispositivos auditivos tipo audífonos o  implantes cocleares, la lengua de signos es básica para «facilitar y apoyar la comunicación».

«Ojalá la lengua de signos fuera una asignatura en los colegios, un básico», añade. Aprenderían con mucha facilidad tanto a entender como a comunicarse, comenta Bárbara Tejerina, la intérprete de la Asociación de Personas Sordas de León San Juan Bautista.

Los adiestradores caninos también tienen claro que los perros «nos leen de maravilla». Saben interpretar los gestos tan bien como las palabras que se utilizan, siempre y cuando se hayan incorporado en su periodo de adiestramiento o, como dice María José, en los primeros meses de vida.

Algunas escuelas de adiestramiento canino ya han introducido módulos específicos para educar a perros en la comunicación con lengua de signos con sus familias sordas. 

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