Diario de León

MANUELA CABERO MORÁN. Anestesista y vicepresidenta de Cruz Roja Española

«La asistencia sanitaria está en grave peligro en los conflictos»

La médica leonesa (tercera por la izquierda), en el hospital Al-Khaar de Bagdad, con colegas iraquíes y una enfermera marroquí.

La médica leonesa (tercera por la izquierda), en el hospital Al-Khaar de Bagdad, con colegas iraquíes y una enfermera marroquí.

Ana Gaitero
León

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LEÓN

Nació en San Cristóbal de la Polantera, se crió en Veguellina de Órbigo y planeó ser arquitecta. Una visita a la facultad de Medicina de Navarra cambió el rumbo de su vida. Ahora acaba de jubilarse, forzosamente, en el Hospital Virgen de la Salud de Toledo y desde hace varios años es vicepresidenta nacional de Cruz Roja.

«Pensé que me iba a gustar más la medicina con los planos por muy familiarizada que estuviera con éstos por la actividad de mi familia», explica. Sus inquietudes sociales «por los que están aún más desfavorecidos» la llevaron en 1994 a Bosnia, al hospital de guerra de Mostar, aunque donde verdad peligró su vida fue, nueve años después, en Irak. Kosovo y Sierra Leona han sido otros de sus destinos humanitarios.

—¿Cómo fue su aterrizaje como médica en Valverde Enrique?

—Era una chavala de 23 años y de repente me vi sola, sin nadie a quién preguntar. Llegué con mi cama y una mesa y me llamaron para atender a una paciente con un cólico renal, Germana. Ella me ayudó mucho porque ya había tenido más episodios.

—Luego optó por la anestesiología.

—En Valverde Enrique estuve cuatro meses. Me hablaron de una plaza en Puente del Arzobispo, en Toledo, y me fui. Llegué de noche y había una chiquillería en la plaza. Sentí una gran responsabilidad al pensar que la salud de todas esas personas estaba en mis manos. Ser médico de pueblo, entonces, era estar de guardia los 365 días del año. Me presenté a hacer la especialidad cuando iba a cumplir los cinco años de ejercicio porque entonces era el plazo máximo. Y me dieron la plaza de anestesia y rehabilitación. Entré como adjunto en el Virgen de la Salud y he sido jefa de sección hasta que me han jubilado. Fui jefa de servicio en funciones pero yo misma pedí que sacaran la plaza.

—No le ha gustado jubilarse. Están jubilando a muchos médicos forzosamente.

—Me parece una incoherencia del sistema. Rajoy, en su investidura (folio 22), dijo que incentivaría la prolongación de la vida laboral y en diciembre Castilla-La Mancha nos obliga por ley a jubilarnos a los 65 años.

—¿En su experiencia como médica cooperante ha temido por su vida?

—Llegué en 1994 al hospital de guerra de Mostar en pleno fragor con Médicos del Mundo. Viví situaciones muy desagradables desde el punto de vista humanitario, pero no sentí amenaza por mi vida. En Irak, en 2003, sí. Los militares siempre nos han protegido.

—Usted ha dicho que en la guerra también se vive, aunque parezca imposible.

—Me lo enseñaron las enfermeras de Mostar. Habían vivido con los heridos sin salir de un sótano y se pintaban los labios y se arreglaban todos los días. Me decían: «Mire doctora, nosotras llevamos viviendo esto de 1992 y si nos miramos al espejo demacradas la tristeza se expande». Una de ellas me decía que su madre era musulmana y su padre croata católico. Vivían en diferentes zonas y hacía 8 meses que no veía a su padre y a su hermano. La gente trata de vivir en las guerras porque lo que quiere es normalizar su situación.

—¿Qué lección se trajo de estas misiones?

—El mundo es una locura y quien quiera iniciar un conflicto lo hace sin que la comunidad internacional lo impida. La asistencia sanitaria está en grave peligro en los conflicto. Es verdad que hacemos cosas y a la gente que has ayudado es una vida salvada. Son granos de arena pero es éticamente indispensable que estemos allí.

—Precisamente la precariedad de la asistencia a los heridos es el origen de la creación de Cruz Roja hace 150 años por Henri Dunant. ¿Tan poco se ha avanzado?

—Precisamente hay una campaña actual de Cruz Roja que recuerda que nacimos en una guerra, en la batalla de Solferino. Los centros sanitarios y los hospitales, pese a los convenios de Ginebra, no se respetan y la vulnerabilidad de los pacientes, todos civiles, es tremenda.

—¿Siria es el ejemplo más cercano y sangrante?

—En Siria se vive una enorme tragedia. Hay tres miembros del Comité Internacional de Cruz Roja que están secuestrados. La Media Luna Roja ha perdido casi 40 voluntarios, los centros de salud están destrozados, hay muchos ejércitos irregulares. En conflicto nunca das la atención adecuada. Recuerdo que Javier Mier, un logista muy inteligente, nos decía en Bosnia que para tener tres litros de leche había que traer 13 porque se la iban quedando las diferentes facciones. En los hospitales suele ocurrir que no hay suministros de alguna cosa y sobran de otra.

—¿Se puede ser neutral en un conflicto como mandan los principios de Cruz Roja?

—En misiones de emergencia siempre ceso de mis cargos de Cruz Roja porque es incompatible. Entonces me convierto en cooperante puro y duro. La neutralidad y la imparcialidad es indispensable. Por eso Cruz Roja es una institución que, sin ir más lejos, en Colombia, era el único interlocutor reconocido. Cruz Roja hace seguimiento de prisioneros que no podría hacer de no ser neutral. Individualmente nadie es neutral. ¿Lo eres tú? Eso es imposible.

—En España ¿se imaginaba que Cruz Roja haría un llamamiento hasta el 2015 para el reparto de alimentos?

—Estamos asustados del grado de vulnerabilidad y de la cantidad de personas que ni siquiera se atreve a acercarse a nosotros porque nunca ha estado en esta situación y tenemos que ir a buscarles nosotros. Es una absoluta tragedia. Es la primera vez en muchos años que Cruz Roja Española hace un llamamiento para atender necesidades del país.

—¿Nos estamos convirtiendo en un país de caridad?

—Espero que no. Espero que vayamos a una sociedad más justa y con menos desigualdades. Pero las épocas de crisis son un terreno abonado para la discriminación. El tercer sector estamos en una plataforma y hemos conseguido cambiar determinadas cosas respecto a la población vulnerable. Y los gobiernos escuchan. Es importante no echar la culpa a nadie de nuestra situación.

—¿Se refiere a los inmigrantes?

—Totalmente. Ellos sí que son vulnerables. En nuestra sociedad mediterránea el colchón familiar lo aguanta todo, pero cuando no hay colchón esta crisis se los puede llevar por delante.

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