«Los hombres también lloran»
La psicóloga Julia Martínez da un taller de duelo en el Teléfono de la Esperanza.
Julia Martínez Llamas en uno de los salones del Teléfono de la Esperanza de León, en la calle Padre Isla 28.
león
Antiguamente las mujeres, que eran las transmisoras de emociones y de la comunicación en casa, se vestían de negro durante un tiempo para expresar el duelo, el dolor por la pérdida de un ser querido. En los tiempos modernos «ha habido un cambio en la vivencia de la muerte, es un tema tabú para una sociedad racional y científica», constata la psicóloga leonesa Julia Martínez Llamas.
Su trabajo diario es la terapia familiar en el Ayuntamiento y la docencia en la Universidad de León. Desde hace seis años es voluntaria del Teléfono de la Esperanza y es la conductora del taller de elaboración de duelo, entre otros, que ofrece esta asociación. «Es importante vivir el duelo, permitirnos sufrir para avanzar», explica. Ahora no son necesarios los gestos externos, como el luto de antaño, pero en su opinión la sociedad debe también aprender «a respetar y a acompañar a las personas en el duelo», matiza. Pero esto «no es políticamente correcto», apunta.
Desde su experiencia aconseja «respetar los tiempos y permitir la expresión del dolor» pues «he visto una gran diferencia entre las personas a quienes les ha ayudado el entorno y a quienes no: El dolor no se puede poner en una balanza, es de cada persona». La autoestima y las vivencias familiares también van a proporcionar recursos para afrontar los sentimientos de una pérdida. En suma, la actitud ante la vida es clave.
Aunque son mayoritariamente mujeres, desde hace tiempo a este taller acuden hombres y mujeres de todas las edades, desde los 20 a los 70 años». «Los hombres también lloran», subraya. El duelo, explica, «son todos los sentimientos, reacciones y cambios durante el proceso de la herida que es abierta por la pérdida de un ser querido». Es una fase de la vida que hay que vivir y «sobre todo, hay que elaborar» pues la negación conduce al «vacío y a la sensación de soledad» y, lo que es peor, puede convertirse en un duelo patológico, advierte.
Acuden personas que llevan un duelo reciente y otras que llevan años, acuden por una «mala cicatrización». La psicóloga considera «admirable que las personas quieran enfrentarse a esa vivencia» pues «hay que ser muy valiente a la hora de decir ‘estoy fatal, no siento nada, me da la sensación de que no me acuerdo, no quiero sentirme tan mal’».
La escucha es el ejercicio inicial del taller, que en un primer bloque trabaja los sentimientos para conocerlos, identificarlos y aceptarlos. Ira, rabia, depresión... suelen acompañar a los duelos. Una vez que se les pone nombre se pasa a dar explicaciones a ese sufrimiento.
Elaborar el duelo no es incompatible con el positivismo. «En los talleres también nos reímos mucho», aclara. Uno de los ejercicios que resultan más útiles y a la vez entrañables es el acercamiento visual a las personas queridas a través de fotos. «Antes, a las personas veíamos y tocábamos a las personas que morían, ahora se rehúye, nos aislamos visual y psíquicamente de la muerte», añade.
Para esta psicóloga de vocación si la sociedad diera más valor a transmitir lo que se siente ante las pérdidas «se evitarían muchos fármacos». Los duelos más complejos son la pérdida de hijo y las muertes violentas y suicidios.