LUIS MIGUEL DE LUIS. Médico de familia y psicoanalista
«El sistema ofrece muchísimos remedios pero el malestar sigue ahí»

ramiro
LEÓN
Luis Miguel de Luis Arriba es especialista en Medicina Familiar, desarrolla su carrera profesional también en el campo de la Atención Primaria, psicoanálisis y la psicoterapia. Acaba de publicar en Amazon el libro Sueños, autoayuda y psicoanálisis en colaboración con el psicólogo y también psicoanalista Raúl Gómez Fernández. Pertecene al grupo Vitral Psicoanálisis.
—¿Cómo surgió la inquietud por el psicoanálisis?
—La inquietud partió en la carrera, desde lo propio, lo personal, las preguntas a las que uno se quiere contestar. El inconsciente es común y es individual.
—¿Por qué liga sueños, autoayuda y psiconálisis en su libro?
—Me planteé un modo de intentar llegar a la gente como una forma de quitar el miedo a la psicoterapia y el psicoanálisis e intentar hacer ver a la gente el exceso de oferta que tenemos referido a la autoayuda como una medida terapéutica que evidentemente por un solo libro y una lectura no se puede obtener.
—¿La autoayuda es una terapia?
—Puede colaborar a llegar a una terapia, pero no resuelve.
—En una sociedad tan cientifista, ¿cómo se explica el éxito de los manuales de autoayuda?
—Dice mi amigo el escritor Santiago Trancón que vivimos en una época que es una especie de Pandemonium. La sociedad capitalista avanzada parece tener remedios para todo: en farmacias, librerías, herboristerías. Hay mucha compra y venta, pero es muy dudoso que esté remediando ese sufrimiento, el malestar de la vida cotidiana, como decía Freud, y es muy dudoso que estemos avanzando tanto como parece indicar el mercado.
—¿El psiconálisis puede remediar ese malestar?
—Yo creo que sin el psicoanálisis estaríamos en cierta oscuridad que ni siquiera la neurociencia más avanzada, el escáner, la resonancia cerebral, pueden explicar. Los afectos, la historia personal y colectiva... tratar de incluir eso en la resonancia o en la historia clínica habitual del paciente cuando menos es difícil.
—León tiene una buena representación de diversos grupos de psicoanálisis. ¿Es algo equiparable a cualquier otra ciudad o singular de esta ciudad?
—Es una señal de fermento cultural, pero también tiene que ver con que el mundo presente nos ofrece muchísimos remedios y sin embargo el malestar sigue ahí. Hay muchos psicoanalistas como hay especialistas en aparato digestivo.
—¿Cómo encaja la medicina tradicional en este terreno?
—Creo en el sistema público de salud, aunque hay una diferencia radical entre las encuestas de satisfacción y los problemas cotidianos, como listas de espera, siguen pendientes de resolver. La medicina psicosomática sigue fuera del sistema y es muy difícil trabajar todas esas cuestiones tanto en Atención Primaria como en Especializada. No nos podemos mentir.
—¿Partidario o no de la medicación ante los síntomas de la depresión?
—Soy médico y la farmacoterapia es imprescindible. La OMS recomienda el uso combinado de fármacos y psicoterapia. No podemos renunciar pero sería ingenuo creernos que todo está en los fármacos.
—A raíz de la biografía de Bruce Spreenting en la que habla de su depresión, se está hablando de la falta de diagnóstico del problema. ¿Ocurre aquí igual?
—Cada paciente tiene su propio síndrome. Desde la óptica de la psicoterapia se puede captar ese diagnóstico. Muchos síntomas si no se escuchan uno por uno es probable que nos lleven a un error.
—Al diván le ha salido la competencia de las terapias por Internet. ¿Cómo las ve?
—Están inmersos en una sociedad tecnológica y la psicología en general no va a ser ajena. El problema está en el exceso. Otra es creer que eso sustituirá el contacto cara a cara.
—¿Se usa en psicoanálisis?
—Se está empezando. Personalmente no soy usuario, pero no soy negativista.
—¿Qué le aportó su época de paliativista en el Esad?
—Desde el psiconálisis he aprendido que el ser humano está distentido entre las fuerzas que apoyan la vida y las que se oponen a ella, y la enfermedad es una de las más poderosas.
—El libro ¿es producto de algún sueño?
—Claro, no con uno en particular. Vivimos en la continuidad entre lo onírico, la realidad cotidiana y lo que es imposible de conocer que Lacan llama lo real. La vida es sueño.