?OPINIÓN
El silencio puede ser la comunicación más sincera
En general, la mayor parte de nuestra vida la pasamos hablando. Hablamos incesantemente desde la mañana a la noche (algunos, incluso dormidos). Hablamos con la familia, con los compañeros, con los vecinos, con nosotros mismos… en persona o por teléfono. Emitimos palabra tras palabra intentando evitar un silencio que, tal vez, nos apabulla.
¿Y qué decimos?
Seguro que hay alguna estadística que muestre porcentajes de contenido en la comunicación pero, sin recurrir a ella, se puede decir que gran parte de nuestras palabras se van en hablar de lo ajeno a nosotros mismos. Hablamos del mundo en general y de los otros en particular. Decimos lo que está bien y lo que está mal de lo que hacen los demás. Criticamos medidas políticas, decisiones nefastas o muy acertadas, modelos de comportamiento, bodas, funerales y demás actos sociales.
En segundo lugar —y a bastante distancia— hablamos de nuestros gustos, aficiones, conocimientos, agendas, viajes... Temas, a poder ser, que no toquen nuestro interior, que se mantengan en la superficie y muestren nuestra cara amable y satisfecha ante la vida.
Y sólo en último lugar, y dependiendo de dónde y con quién estemos, nos atrevemos a hablar de nuestros sentimientos, de nuestro miedo a la soledad, de nuestras debilidades. Aquí ya nos cuesta articular frases; nos cuesta verbalizar lo que nos causa dolor.
Todos hemos observado y experimentado cómo, ante determinados hechos, nos quedamos sin palabras. Hechos que nos enfrentan a nuestra vulnerabilidad (la de todos), que no tienen explicación lógica o racional, que superan nuestro entendimiento. Hechos ante los que sólo cabe el silencio. Un silencio que, de tanto como nos asusta, rompemos, a veces, de forma histriónica.
Sin embargo es en ese silencio donde nos encontramos y nos igualamos, donde nace la complicidad. El silencio nos desarma. Nos sitúa de cara a la realidad sin otro argumento que nuestro propio yo.
No temamos al silencio. Tal vez, sea nuestra forma de comunicación más auténtica; la menos elaborada; la más sincera.