Chupar la cabeza de las gambas podría ser una trampa para tu salud, según los expertos

La Aesan ha sido tajante al respecto, recomendando limitar al máximo esta práctica

Las gambas, crustáceo de sabor potente y color rojo tentación.

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

Para muchos comensales, el momento cumbre de una buena mariscada no está en la cola, sino en el intenso sabor que se esconde en el interior del caparazón. Sin embargo, detrás de ese manjar concentrado que los expertos culinarios consideran "oro líquido", se oculta una advertencia sanitaria que resurge cada Navidad. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) ha sido tajante al respecto, recomendando limitar al máximo esta práctica tan arraigada en nuestra gastronomía debido a la acumulación de metales pesados en los órganos de los crustáceos.

El principal enemigo en este festín es el cadmio, un metal pesado que no tiene ninguna función biológica en el cuerpo humano y que resulta altamente tóxico. A diferencia de lo que ocurre con la carne de la cola, los crustáceos tienden a acumular este elemento en su hepatopáncreas, que forma parte de lo que popularmente llamamos "cabeza". Al chupar esta zona, estamos ingiriendo dosis de cadmio muy superiores a las que el organismo puede procesar de forma segura, ya que este metal tiene la peligrosa capacidad de acumularse en los riñones y el hígado durante décadas, pudiendo causar disfunción renal a largo plazo.

Más allá del riesgo químico, los nutricionistas también apuntan a otros componentes presentes en el coral que podrían afectar a la salud cardiovascular. Las cabezas de gambas, langostinos y cigalas concentran una cantidad elevadísima de purinas, las cuales se transforman en ácido úrico en nuestro cuerpo, siendo un factor de riesgo directo para quienes padecen gota. Asimismo, el nivel de colesterol y sulfitos en esta parte del animal es considerablemente mayor que en el resto del cuerpo, lo que convierte a este hábito en una auténtica "bomba" para personas con dietas restringidas o sensibilidades específicas.

A pesar de estas advertencias, los expertos no prohíben su consumo de forma absoluta, pero sí instan a la moderación extrema. La recomendación oficial no es dejar de comer marisco, sino disfrutar de la carne y evitar la succión sistemática de las cabezas, especialmente en el caso de niños, mujeres embarazadas y personas con patologías previas. Al final del día, se trata de una balanza entre el placer gastronómico y la salud preventiva, donde un gesto de apenas unos segundos podría tener consecuencias acumulativas para nuestro bienestar futuro.

Cargando contenidos...