Dependen de la opinión de los demás y no sacan partido a sus habilidades
Algunas de las características comunes de las personas que sufren trastorno límite de la personalidad son las siguientes. 1 Inestabilidad en el sentido de sí mismo. Suelen tener una imagen variable de sí mismos basada en cómo son percibidos por los demás. Es fácil que ante una crítica se sientan «malos», «ineptos»y ante un elogio «buenas personas» o «estupendos». Esto está muy relacionado con el pensamiento dicotómico del todo o nada. Son personas con una gran inseguridad y dificultad para percibir en ellos cualidades positivas. A veces ni siquiera se creen los comentarios que les halagan. 2 Relaciones interpersonales inestables. La formación de relaciones intensas e inestables es uno de los criterios básicos para el diagnóstico. Una persona con TLP puede necesitar a los demás de forma desesperada y a la vez sentir la necesidad de evitar ese contacto íntimo para evitar un mayor daño emocional. Hay quienes tienen una necesidad desmedida de apoyo, compañía y cariño, pero además esperan de los demás que sepan lo que necesitan en cada momento incluso sin decirlo. No son conscientes de que, en realidad, esta forma de conseguir atención genera malestar en los demás. 3 Problemas para funcionar o sacar provecho de sus habilidades. Muchas personas con TLP son altamente funcionales y poseen múltiples habilidades que no son capaces de utilizar con éxito. Tienen capacidad para lograr lo que se proponen, pero su inestabilidad e inseguridad no les permite aprovechar su potencial y acaban practicando el «autosabotaje». 4 Alternan entre la suspicacia y la extrema ingenuidad. Su tendencia a oscilar entre los extremos hace que en momentos de estrés desconfíen hasta límites inimaginables, rozando la paranoia, y cuando se encuentran bien confían por completo en la primera persona que se cruza en su camino. 5 Recurren al pensamiento mágico. La idea de que «sólo tengo que tener eso para que todo vaya bien» les hace creer que sólo necesitan alguien que les acompañe o alguien a quien dar cariño. La persona «mágica» puede ser una persona conocida, una persona que le «buen rollo» o desvalida. El pensamiento mágico sólo consigue desviar la atención temporalmente de su problema.