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Drogas sin química Descubren una anomalía genética en las mujeres con endometriosis

Los expertos alertan de que Internet, el deporte desaforado y las compras compulsivas generan abstinencia, y resultan igual de adictivos que el resto de los estupefacientes

Como las sustancias psicoactivas, las nuevas tecnologías también generan síndrome de abstinencia

Como las sustancias psicoactivas, las nuevas tecnologías también generan síndrome de abstinencia

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Antonio Paniagua - madrid europa press | madrid

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No embriagan tanto como el alcohol ni producen la euforia de la cocaína, pero pueden resultar igual de adictivas. El deporte, el sexo, Internet, las compras son las nuevas drogas sin química. Estas actividades si se realizan de forma compulsiva, son susceptibles de convertirse en patologías. Unas veces es el chat y otras el teléfono móvil. Las nuevas tecnologías asedian a los más jóvenes sin que el «camello» tenga la necesidad de apostarse a la puerta del colegio. En el opúsculo Viejas y nuevas adicciones , de los psiquiatras Jesús Francisco García y Luis Caballero, se postula llamar adicciones a ciertos trastornos del comportamientos asociados a conductas, y no a sustancias. Ambos expertos sostienen que cualquier conducta placentera, si se vive como una necesidad imperiosa y deteriora las relaciones sociales, familiares y laborales, merece el calificativo de «adictiva». En la sociedad de la opulencia, en la que mercado ofrece un alud de ofertas de productos y actividades, el individuo está obligado a discriminar y, lo que es más importante, a imponerse un autocontrol. En personas que no se marcan límites, las nuevas tecnologías, el sexo o la comida pueden entrañar un grave peligro. Lo mismo ocurre con el coleccionismo, los videejuegos, el zapeo o la televisión, En el caso de la adicción a Internet, los efectos de la dependencia son bien reconocibles: privación del sueño, como consecuencia de invertir casi todo el tiempo posible delante del ordenador, descuido de las relaciones familiares, sociales y laborales y hasta desaliño. Cuando ello ocurre, el adicto experimenta sueños y fantasías relacionados con la Red e incluso llega a hacer movimientos, voluntarios o involuntarios, de tecleo. Como las sustancias psicoactivas, las nuevas tecnologías también generan síndrome de abstinencia si se interrumpe la actividad. «Muchas de estas dependencias individuales tienen su origen en patologías sociales previas, propagadas por modos y estilos de vida, que consiguen hacer dependientes a las personas más débiles del sistema social al que pertenecen», arguyen los especialistas. Dado que el consumo excesivo de la red o el móvil se inscribe dentro de los patrones de la sociedad del siglo XXI, el «ciberadicto» no suele ser consciente de su problema. Lo mismo de puede predicar, con matices, de la adicción a la comida, al ejercicio físico y, en mucha menor medida, al sexo. Los afectados, aunque pierden su poder de autocontrol, no reclaman ayuda hasta que «tocan fondo» o son advertidos por sus allegados. El espectro de adicciones que configura la tecnología va ampliándose a medida que surgen nuevas ofertas y servicios en la red. Así, cada vez es más frecuente la aparición de ludópatas que realizan sus apuestas por medio de Internet. Con todo, tipificar como patología la adicción al sexo, a las compras o al trabajo entraña riesgos. Como dice el psiquiatra Enrique González Duro, tales diagnósticos son peligrosos, porque permiten la coartada de una supuesta enfermedad que se cura con medicamentos y, con ello, la aparición de grupos de ayuda tras los que se esconden negocios suculentos Científicos del Centro Médico Cedars-Sinaí y de la Universidad de California en Los Ángeles (Estados Unidos) han descubierto una anomalía genética en mujeres con endometriosis, una patología que provoca que un tejido similar a la pared interna del útero crezca fuera del mismo, a menudo sobre la superficie de los ovarios o las trompas de Falopio, haciendo la concepción mucho más difícil, que sería la responsable del fallo en la implantación del embrión en el útero en estas pacientes. Según se hizo público en la reunión anual de la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva y la Sociedad Canadiense de Fertilidad y Andrología, que se celebró en Montreal (Canadá), se trata de una anomalía en un gen específico del endometrio, el denominado GlcNAc-6-OST, que interviene en la forma que posee esta parte del organismo femenino y en el mecanismo de implantación del embrión. Los investigadores explican que este gen da lugar a una enzima que se produce durante la implantación del embrión, y creen que este gen, por una razón que aún se desconoce, es anormal en mujeres con endometriosis, lo que da lugar a que el embrión no sea capaz de encontrar el lugar apropiado para unirse al endometrio, lo que a su vez conduce a un fallo o defecto en el proceso de implantación. Partiendo de estudios anteriores en Estados Unidos y Europa que habían mostrado que existe un defecto en el proceso de implantación del embrión en mujeres con endometriosis, una afección que sufren muchas mujeres premenopáusicas y que también padecen infertilidad, los científicos analizaron mediante estudios in-vitro si las hormonas del ovario, estrógeno y progesterona, pueden regular la expresión del gen GlcNAc-6-OST. Al tratar una línea celular del endometrio con estas hormonas, los científicos demostraron que el aumento del estrógeno durante la primera parte del ciclo menstrual aumenta la expresión de la enzima. Después de la ovulación, la producción de progesterona aumenta la expresión de la enzima. Esta sobrerregulación de la enzima facilita la producción de la molécula selectina L, que permite la implantación.

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