Diario de León

| Informe | Enfermedad de ricos, enfermedad de pobres |

Igual que hace treinta años

El tratamiento de la tuberculosis no ha cambiado en tres décadas, mientras que en el sida, una enfermedad más reciente, la evolución de los fármacos ha mejorado la esperanza de vida

Ana Gaitero
León

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La tuberculosis es una enfermedad antigua. El Antiguo Egipto, Babilonia y China ya refieren esta patología infecciosa aunque no es hasta 1839 cuando se emplea por primera vez el término tuberculosis, derivado de la palabra latina tubercula que significa protuberencia pequeña. Las epidemias del siglo XIX en Europa y América a causa de la superpoblación y el hacinamiento en las ciudades motiva una intensa investigación en aquellos tiempos. Los médicos franceses Gaspar Laurent Bayle y René Laënec establecieron sus formas y estadíos y murieron por causa de la tuberculosis. Sería en 1882 cuando el alemán Robert Koch consigue aislar la bacteria causal y demostrar su mecanismo de transmisión. De ahí que el M. tuberculosis sea conocido como «bacilo de Koch». Desarrolló la prueba de la tuberculina. Con el descubrimiento de los beneficios del aire puro para la enfermedad los sanatarios se convierten, antes que los fármacos, en uno de los pilares del control de la infección, pues hasta 1944 no se desarrolla la estreptomicina. Entre los años 40 y los 70 hubo un gran desarrollo de los tratamientos contra la tuberculosis: ácido paraamino salicílico, etambutol, rifampicina... Pero ahí se estancó. «Es una enfermedad que se da en países pobres y los países desarrollados no priorizan estos tratamientos, al contrario de lo que ha sucedido con el sida y que ha supuesto un aumento de la esperanza de vida para los afectados», explicó Joan Taylá. Hoy en día, la coinfección por VIH, los resistentes, la inmigración de zonas de alta prevalencia y las deificiencias de salud pública son responsables del incremento de casos.

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