Los países de origen de la población emigrante tienen mal control de enfermedades infecciosas

La tuberculosis importada es una de las principales alertas epidemiológicas

Caylá: «España debe mejorar sus programas ante los cambios demográficos»

León

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La Organización Mundial de la Salud declaró la tuberculosis como emergencia mundial en 1993. Diez años después había 8,8 millones de casos nuevos, de los que más de medio millón están coinfectados por el virus de inmunodefiencia humana. Hay 15,4 millones de casos prevalentes, de los que seis son bacilíferos con capacidad para infectar a entre 14 y 20 personas de las que saldrán entre dos y cuatro casos nuevos de tuberculosis. Sin embargo, la tuberculosis, al contrario que el sida, es una enfermedad olvidada. ¿Por qué? «Es una enfermedad que se da sobre todo en países pobres y los países desarrollados no priorizan este tipo de tratamientos», opina Joan Caylá, jefe del servicio de Epidemiología de la Agencia de Salud Pública de Cataluña. Las enfermedades infecciosas como la tuberculosis y el sida fueron el tema central del curso de epidemiología clínica impartido en el doctorado de Biomedicina de la Universidad de León y en el que Caylá alertó sobre la necesidad de prestar más atención a la tuberculosis ante el «cambio demográfico» que se observa en España con la llegada de población emigrante. «Nos preocupan las tuberculosis importadas por cooperantes, puesto que somos un país con una gran tradición en cooperación, y por la población que nos está llegando de países que, como Marruecos o el área de América Latina, no tienen buenos programas de control de tuberculosis y sida», precisó el experto. Existe certeza -agregó- acerca del aumento de esta enfermedad en España, «pero no hay registros muy precisos que puedan dar resultados rápidamente y además lo deseable es que se reduzca, no que vaya en aumento». El responsable catalán de Epidemiología subrayó el contraste entre la recesión de zoonosis como la brucelosis y la hidatidosis o las fiebres tifoideas y la resistencia que ofrecen enfermedades como la tuberculosis y el sida. En su opinión, «cuesta más eliminarlas, porque su control es complejo» y se carecen de registros que ayuden en los programas de control y prevención. Así como existen «buenos registros de sida», no sucede lo mismo con el VIH y la tuberculosis, que requieren de estrategias muy efectivas para llegar verdaderamente a la población infectada, explicó. La creación de la figura de mediadores culturales -que ya es un hecho en Cataluña- se considera una de las herramientas más válidas para trabajar con la población emigrante a la que hay que concienciar de la «importancia de cumplir el tratamiento». Caylá reconoció que el fenómeno migratorio es más palpable en grandes ciudades como Madrid y Barcelona, pero a su juicio lo sensato es que todas las comunidades autónomas estén alerta para evitar más repuntes. El tratamiento de la tuberculosis tiene una duración de seis meses, como mínimo, por lo que se requiere una adherencia al mismo de las personas que van a ser tratadas. «El problema es que los pacientes ven mejoría a las pocas semanas y bajan la guardia». Según Caylá, el papel de los agentes de salud y de la enfermería es crucial a la hora de conseguir una mayor adherencia al tratamiento. «Es importante que haya programas que funcionen, efectivos y con unos mínimos recursos», precisó.

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