Sesenta niños necesitan un trasplante en España
Más de 60 niños esperan actualmente un órgano que mejore sus condiciones de vida, ninguno en León. El trasplante infantil representa un 4% de los que se hacen en España (3.756 en el 2006), más del 90% de ellos son atendidos, tienen prioridad sobre los adultos y su supervivencia es mayor. España mantiene el liderazgo mundial en donación -con una tasa del 33,8 por millón de habitantes- y trasplantes desde hace catorce años. En el área infantil -pequeños hasta 15 años- en el 2006 se hicieron 150 intervenciones y el registro histórico contabiliza 2.266, según la Organización Nacional de Trasplantes (ONT). Actualmente hay dos niños -una bebé en La Coruña y otro en Madrid- que esperan un corazón pequeñito. Otros cuatro menores necesitan un trasplante de intestino, nueve de pulmón, 19 de hígado y 29 más de riñón, según informó a Efe el Coordinador Nacional de Trasplantes, Rafael Matesanz. En las intervenciones renales, el tiempo medio puede ser de un año, mientras que en las demás son entre dos y seis meses de espera y en el caso del corazón es imprevisible, producto de una casualidad, por las coincidencias de tamaño y grupo sanguíneo que precisa. Como una tarjeta de crédito «El tamaño del corazoncito de un recién nacido es como una tarjeta de crédito -explicó Matesanz-. Encontrar uno que cuadre perfectamente entre donante y receptor es complicadísimo». El pasado año se hicieron 69 trasplantes hepáticos, 58 renales, 10 de intestino, 7 cardíacos y 6 pulmonares.. En ocasiones, la cifra de operaciones no depende tanto de la oferta de órganos como de la demanda, ya que «cuando es posible se da prioridad a los niños, como en el caso de riñón e hígado», dijo Matesanz. En estos dos supuestos se aplica además la donación en vivo, en su mayoría de padres a hijos o entre hermanos, «con una supervivencia bastante buena». Sin embargo, en las pulmonares y, sobre todo, de corazón, hay una limitación: la concordancia de tamaño, aunque en el caso del pulmón es posible hacer una reducción. Los trasplantes de corazón en bebés son «operaciones de verdadera filigrana, que los cirujanos hacen con lupas y una habilidad tremenda».