| Reportaje | Una experiencia sostenible |
Cómo cultivar un huerto sano Menos lamentos, más acciones
La eco aldea palentina de Amayuelas de Abajo y la Universidad Rural Pablo Freire de Tierra de Campos imparten en agosto un curso de agricultura y ganadería ecológicas
Fuera de los destinos turísticos playeros y urbanitas, en plena Tierra de Campos, el pueblo de Amayuelas de Abajo (Palencia) se ofrece como un lugar idóneo para aprovechar las vacaciones con unas lecciones básicas de agricultura y ganadería ecológicas. La eco aldea, que dista 30 kilómetros de la capital palentina, fue uno de tantos pueblos abandonados en la década de los setenta. De los ochenta arranca el proyecto para recuperar su vitalidad, primero como pueblo escuela y a partir de los noventa como un ejemplo de sostenibilidad real a partir de la agricultura ecológica y pequeñas iniciativas de autoempleo. «Se recuperaron algunos edificios y espacios públicos, se realizaron infrastructuras de servicios (filtro verde, desagües), se iniciaron las primeras prácticas de cultivos ecológicos y se abrió al público un albergue. En 1999 se inició la construcción de diez viviendas bioclimáticas para vivir las personas que se iban incorporando al proyecto», explican en su web (www.nodo50.org/amayuelas/). Así fue como nació el Cifaes (Centro de Investigación y Formación en Actividades Económicas Sostenibles) y la Universidad Rural Paulo Freire de Tierra de Campos, creada en el 2004, que este verano ofrecen entre sus cursos formativos uno de iniciación a la agricultura y la ganadería ecológica, que se celebrará los días 17, 19 y 19 de agosto. En el taller, se abordan aspectos teóricos como la Política Agraria Comunitaria y los principios y fundamentos de la agricultura ecológica unidos a sesiones prácticas. La primera será sobre semillas, con una visita al banco local, que es una de las iniciativas más recientes del proyecto de Amayuelas. El abonado y compostaje es otro de los bloques del taller, en el que se incluyen informes sobre las redes de comercialización, sensibilización ambiental y riesgos laborales. Los participantes visitarán la finca de ovino y agricultura ecológica de Amayuelas y tendrán ocasión de ver la diferencia sustancial entre la horticultura ecológica y las oportunidades que se abre en en este campo para los cultivos extensivos, de cereales y leguminosas. «La agricultura ecológica es la agricultura del futuro», subrayan en Amayuelas, puesto que «permite producir alimentos sanos a la vez que cuidamos el entorno dónde estos se producen». Otra de las ventajas de este modelo de agricultura es que «no destruye empleos, sólo es posible practicarla con agricultores y agricultoras que trabajan directamente la tierra y el ganado» y, por último, es una «oportunidad laboral para la incorporación de nuevos pobladores al mundo rural», agregan. Amayuelas cuenta con una finca de 2.500 metros cuadrados en la que se cultivan las hortalizas típicas del verano, como tomate, berenjena, calabacín, pepino, cebolla, judía, remolacha, pimiento, zanahoria, ajo y patata. Al lo largo del año tambien se cultivan puerros, coles, escarolas, espinacas y acelgas. Para la fertilización se utilizan estiércoles compostados de los animales criados en la granja del Cifaes, como los cerdos, caballos, gallinas y ovejas. Tambien se obtiene vermicompost a partir de los restos orgánicos que transforman lombrices especiales. Y para evitar las plagas y enfermedades utilizan los beneficios naturales de plantas como cola de caballo, ortiga, ajo, cebollas o artemisa. «Desde la visión ecológica es necesario que las plantas puedan crecer a su propio ritmo siguendo los ciclos naturales. De esa forma pueden recurir a su porpia fuerza y resistencia contra las enfermedades», explican. Además, al igual que hacían los horticultures y aún hacen en algunas zonas, cada año una parte de las plantas se deja florecer para obtener semillas para el próximo año. En el pueblo se cría también el cordero ecológico en una extensa finca de 12 hectáreas que también cuenta con cultivos para alimentar al ganado de forma sana y con los mínimos costes energéticos. En el gallinero están los pollos ecológicos, de la raza Negra Castellana autóctona de la región. Alimentadas con cereales ecológicos y restos orgánicas las aves, de momento, sólo dan para el autoconsumo, mientras que el cordero y parte de las hortalizas se comercializan en establecimientos cercanos y a través de la cesta ecológica. Por otro lado, del 2 al 5 de agosto imparten un curso de bioconstrucción para la difusión de conocimientos elementales sobre técnicas de construcción con tierra cruda, desde los tradicionales adobes y tapiales, a las más modernas, como la fabricación de bloques de tierra comprimida y la construcción con balas de paja. En este curso participan como profesorado personas con experiencia en construcción con tierra que han estado implicadas en los proyectos llevados a cabo en Amayuelas. También hay un curso de nivel avanzado como especialización que dirige el profesor Laurent Coquemont, arquitecto y constructor francés, que ha realizado una importante labor de construcción y rehabilitación de edificios de tierra en la Bretaña francesa. La despoblación del mundo rural en Castilla y León ha sido uno de los principales debates de la pasada legislatura y todo parece indicar que se mantendrá en la presente. «La comisión para la despoblación no ha superado la fase de diagnóstico y por tanto de lamento», subraya Jerónimo Aguado. «Los pueblos ya no están para lamentos, hay que convertir el lamento en oportunidad», subraya desde la experiencia que lleva a cabo con el programa de ganadería ecológica en Amayuelas. «La alternativa pasa por crear estrategias que faciliten la vuelta al campo en condiciones dignas», algo que no facilita, según Aguado, el modelo agrícola y ganadero «productivista» implantado. La agricultura ecológica y a pequeña escala es una de las alternativas al modelo mayoritario, con «producciones de calidad y venta en mercados locales un joven puede salir adelante con una pequeña superficie», agrega Aguado. La agricultura y la ganadería son necesarios para «generar vida y desarrollo en los pueblos, pero no aquella que surge de las presiones de la industria», concluye. Asismimo, desde la experiencia de Amayuelas se aboga por revisar el modelo de turismo rural que hasta ahora no ha dado los resultados apetecidos en cuanto a generación de empleo porque «no es accesible a todo el mundo». Un ejemplo es su propuesta de turismo ecológico y rural en el que las personas que visitan la zona se integran conociendo l elaboración de alimentos, su cultivo o la cría ganadera.