Pedagogo y escritor

«Las condiciones laborales deben permitir tener familia»

El autor de «De tanta rabia, tanto cariño» habla en León sobre la atención a menores, en la que ve necesario «recuperar la atención personal a la infancia» más allá del bienestar económico

León

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Enrique Martínez Reguera ha dedicado cuarenta años de su vida a la pedagogía, una ciencia que reivindica como el sistema de relaciones que se establece entre personas adultas e infancia. Y la ha practicado con la población más marginada de Madrid, principalmente en los barrios de Vallecas y Moratalaz. Autor de libros como Pedagogía para mal educados , Cuando los políticos mecen la cuna y De tanta rabia, tanto cariño , hoy participa en León en el décimo aniversario del Programa Cauce con una charla sobre el trabajo con menores y los derechos de la infancia. -¿Cómo empezó su trabajo con la infancia? -Todo me conducía hacia la universidad, desde la pedagogía y la psicología y fui director de un colegio mayor. Pero me sentí atraído por la infancia marginada, lo dejé todo y me fui a vivir a Vallecas. Empecé a tener contactos con hospicios y reformatorios y las instituciones empezaron a mandarme niños de reformatorio y tutelados. Trabajé con ellos en sus barrios y cuando en sus casas no podían mejorar, los traía a vivir conmigo, ayudado por otras personas. Durante 35 años he tenido desde cuatro a doce chicos en mi casa. -La situación de la infancia es radicalmente distinta hoy. -En los años 70 se vivían los problemas carenciales, eran víctimas de una pésima crianza y unas pésimas condiciones de vida. En los años 80 la reconversión industrial genera bolsas de paro y trabajo basura que repercute sobre todo en las poblaciones marginadas y en sus jóvenes. La irrupción masiva de drogas marcó a estos muchachos, que oficialmente se convierten en una población criminalizada. En los 90, la sociedad toma conciencia de que estos jóvenes necesitan atención, pero sobre todo reclama más segurida. Ahora se rentabiliza en forma de negocio; desde circuitos de vigilancia a guardas jurados... y policías en la escuela. Hace cinco años había en Madrid dos centros de reforma y ambos eran públicos; ahora hay 18 y 16 son privados. -¿Tienen exceso de derechos hoy en día? -Los niños de verdad, de verdad, no tienen derechos. Tienen necesidades, lo cual es más importante porque los derechos pueden ser ignorados pero las necsidades no. Hoy día se suplanta la realidad real por la realidad virtual. -¿Qué hay que hacer?-Hacen falta una serie de rasgos imprescindibles para atender a la infancia. Los niños hiperactivos de hoy son que se etiquetaban de sociópatas y de inadaptados de hace unos años. Y lo que ocurre es que se les atiende desde la perspectiva profesional, pero no desde la personal. Si un niño tiene un flemón está claro que necesita un odontólogo, pero ante el dolor y el sufrimiento necesita a su familia. Por debajo de los problemas médicos, psicológicos... que sólo son síntomas, hay problemas personales. Hay una necesidad de recuperar la atención personal más allá del bienestar económico y la atención profesional. Hay exceso de intervención profesional sobre la infancia y poca sobre los adultos. -¿El modelo de familia está detrás de este problema? -La familia está en una crisis muy fuerte. A los niños les faltan referentes maternos y paternos. A veces los padres están en la tasca, pero otras están en la oficina en reuniones muy importantes. -¿Se responsabiliza a las mujeres de haber abandonado su papel tradicional? -A las madres se las sobrecarga y se las exige el rol masculino y el femenino. Pero no necesariamente la mamá debe estar en casa y el papá de recolector-cazador. Lo que está claro es que un riguroso horario laboral impide una vida familiar. -¿Hay que cambiar el sistema de trabajo? -Se necesitan unas condiciones laborales que permitan tener familia. Y en la escuela hay que recuperar la vinculación del profesorado con los alumnos.

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