Sus cinco programas están especializados en educación por el ocio y autonomía personal
Juan Soñador apoya a 200 menores y jóvenes en desventaja social y familiar
La fundación ya ha superado su primera década en León con acciones a favor de la niñez y la juventud

La oca de la igualdad es uno de los recursos divulgativos de la Fundación Soñador
león
Casi un millar de menores y jóvenes han recibido apoyo socioeducativo de la Fundación Juan Soñador desde que, hace once años, inició su andadura en León. A lo largo de este año, son más de dos centenares las personas a las que se les ha tratado de compensar sus desventajas sociales y, sobre todo familiares, a través de proyectos de educación y tiempo libre específicos.
El programa Cauce, nombre que aglutina todas las actividades de la fundación en León, se inició en 1997 con el proyecto Surco, que a través del ocio y el tiempo libre busca la intervención educativa directa con adolescentes. Surco aprovecha los fines de semana y las vacaciones como un «tiempo idóneo» para desarrollar experiencias de ocio y convivencia entre menores con carencias familiares o sociales y también con aquellos que son derivados desde la unidad de intervención educativa de la Junta.
«En este clima más distentido resulta más fácil conectar con sus intereses y fomentar su autonomía a través del tiempo libre en cuatro ámbitos: comunicación, expresión, habilidades sociales y respeto de normas; salud y bienestar, alimentación, educación sexual, deporte y aire libre», explica Elena Robles, la coordinadora del proyecto, por el que han pasado 178 adolescentes en diez años.
Un hogar, una oportunidad
Al año siguiente nació el hogar Tragaluz, en el que han aprendido sus «primeros pasos» en la vida autónoma 35 jóvenes de 16 a 18 años que estaban bajo la tutela de la Junta. Coordinado con el equipo de atención a la Infancia de la Gerencia de Servicios Sociales, el programa supone una oportunidad para vivir «en familia», en lugar de un centro de protección de menores, en la última etapa de esta tutela y prepararse para la vida autónoma.
«Se trata de que poco a poco sean conscientes de que van a trabajar por sí mismos a partir de relaciones de respeto y del establecimiento de pequeñas metas», explica la coordinadora del proyecto Marta Sánchez Llamazares.
Respetar las normas y aprender los límites forma parte del aprendizaje para la vida. A cambio se les ofrece un modelo educativo basado en la confianza, el afecto y el desarrollo de habilidades sociales. Chicos y chicas acceden de forma voluntaria a este dispositivo, generalmente a propuesta de los equipos de atención a la infancia.
«A veces vienen con las ideas muy claras, con ganas de ser independientes, y para eso les apoyamos a la hora de aprender a moverse por la ciudad, en los estudios y en la búsqueda de empleo», agrega. Pero además de autonomía, es común la demanda de afecto, algo que no se verbaliza con la misma facilidad que las ansias de independencia.
Pasos para la emancipación
El proyecto Emancipa-Enlace surgió como continuidad a esta iniciativa, única en León, y trabaja desde otra vivienda y también desde la calle la autonomía personal y la emancipación de jóvenes que ya han dejado de depender de la Junta a efectos legales. Entre 75 y 80 jóvenes han salido adelante a través de este recurso.
Lo importante es que «el joven sea protagonista de su desarrollo», subraya Diana García Fernández, coordinadora del programa Emancipa Enlace, que ha cumplido sus primeros cinco años de trayectoria. Está pensado para jóvenes que ya han cumplido la mayoría de edad, pero aún necesitan un acompañamiento para alcanzar la emancipación real.
Emancipa-Enlace también es un programa voluntario en el que los jóvenes entran con el compromiso de asumir el estilo educativo y de buscar trabajo y aportar en la medida de sus posibilidades para el sostenimiento del piso. La dinámica de funcionamiento de las dos viviendas de este programa se basa eneuniones periódicas, participación en las tareas domésticas y administración del hogar y respeto a los compañeros y compañeras.
Empancipa-Enlace trabaja también con chicos y chicas que no residen en estas viviendas pero mantienen ciertos vínculos a modo de apoyo social y personal. Dos educadores y el personal voluntario trabajan en el proyecto.
Protagonistas de su vida
El centro de día ofrece un abanico de actividades que van desde el apoyo escolar a la orientación laboral, cursos para la obtención del carné de conducir, talleres de manualidades, cocina, habilidades sociales e Internet. «Son la excusa para estar con los chavales, un camino para que se sientan escuchados e importantes», subraya la educadora y coordinadora del centro de día, Beatriz Gutiérrez Cabezas. Más de 300 menores han pasado por este centro desde que se puso en marcha.
Afectividad, acogida y acompañamiento son las tres claves de este programa que está dirigido a adolescentes de 14 a 18 años y que llegan desde el barrio, a través del centro de acción social; desde el servicio de protección a la Infancia y también desde la unidad de intervención educativa de la Junta para cumplir medidas impuestas por la justicia a causa de infracciones.
Labrar el futuro propio
El último proyecto emprendido desde el programa Cauce nació hace año y medio con un espíritu esencialmente socioeducativo. Tras una primera fase de educación de calle, se busca que sean los propios jóvenes del barrio del Crucero-Armunia quienes desarrollen propuestas «transformadoras de su propia realidad».
Fuera de las sesiones formativas que se les ofrece a los jóvenes, en su mayoría hijos e hijas de inmigrantes, han llevado a cabo iniciativas de ocio propias como un campeonato de PlayStation. Construyendo mi fututo cubre un espacio hasta ahora vacío con la población adolescente de la zona, señala Héctor Alonso Martínez quien subraya que «no es un proyecto asistencial, ni terapéutico». Se trata de una «acción socioeducativa que busca la promoción de factores que entrelacen la relación de los jóvenes con su barrio», añade.