El estreñimiento infantil provoca el 5% de las consultas al pediatra
Una dieta pobre en fibras y una ingesta de líquidos insuficiente provocan un problema que causa inapetencia, malestar y cansancio a los más pequeños
Los niños que tienen problemas para ir al lavabo deben ingerir más líquidos.
El estreñimiento es un problema muy frecuente entre la población infantil. Representa casi el 5% de las consultas pediátricas, según la Sociedad Española de Pediatría. En los primeros meses de vida, el estreñimiento puede ser debido a una inmadurez intestinal o al paso de la leche materna a la leche mixta, que endurece más las heces. Una dieta pobre en fibras, una ingesta de líquido insuficiente o el hecho de no haber adquirido correctamente el hábito de ir de vientre son algunos de los factores que también pueden influir en la aparición de este problema. El estreñimiento infantil se manifiesta mayoritariamente entre los 2 y los 4 años, aunque también se dan casos en los bebés, según datos de Dulcolaxo.
Los especialistas hablan de estreñimiento infantil cuando se producen menos de tres deposiciones a la semana con heces duras que provocan dolor, según los «criterios de Roma», establecidos por un grupo de expertos de diferentes países. Esto puede generar en el niño inapetencia, malestar y cansancio.
Para resolver el estreñimiento es muy importante la reeducación de los menores en el control de esfínteres y la incorporación de dietas adecuadas al crecimiento. Los padres, educadores y demás personas que estén en contacto con ellos juegan un papel muy relevante en lo que se refiere a este transtorno, ya que a determinadas edades, el niño no puede expresarse verbalmente, el adulto debe saber interpretar los síntomas para educar y prevenir la dolencia.
En el caso del estreñimiento infantil, las causas, en la mayoría de los casos, no derivan de problemas asociados a la salud sino que se refieren más a factores externos adquiridos como la alimentación, la falta de ingesta de líquidos, factores psicológicos o hábitos de conducta.
Alimentación. La dieta es un factor clave para entender la aparición del estreñimiento. En la infancia es difícil incorporar en las comidas alimentos ricos en fibras (vegetales, verduras, frutas y legumbres), así como, también, ingerir muchos líquidos. En el caso de padecer estreñimiento, las comidas de los más pequeños se pueden reforzar con más fibra sustituyendo, por ejemplo, una tostada de pan blanco por una rebanada de pan integral, incluyendo una pieza de fruta rica en fibra o zumo. Introduzca los alimentos adecuados con recetas divertidas y con una presentación atractiva. Hay que evitar las golosinas y controlar la ingesta de alimentos astringentes como el arroz, el plátano o el chocolate.
Líquidos. Los niños que tienen problemas para ir al lavabo deben ingerir más líquido al cabo del día (agua o zumos naturales) y aumentar la cantidad de fibra en la dieta tomando más verduras y frutas, cereales y más legumbres. El mal hábito de no ingerir frecuentemente agua y zumos de fruta pueden explicar la aparición de un cierto tipo de estreñimiento, ya que estos líquidos favorecen la evacuación de las heces al humedecer el intestino. Hay que aprovechar mientras los niños estén realizando una actividad de su agrado y que les mantenga entretenidos durante diferentes momentos del día para educarles en este sentido.
Hábitos. Es bueno enseñar a los niños a que vayan al baño cuando sientan ganas y que no lo dejen para más tarde. Tener el hábito de ir al baño a una hora concreta del día es importante y es por ello que los padres deben inculcar este hábito sanitario a sus hijos. Dedicar un rato al día para ir al baño, siempre el mismo, el más tranquilo (después de las comidas), es muy adecuado. Entre 5 y 10 minutos será suficiente.
Factores psicológicos. A menudo, la causa del estreñimiento en los niños se explica por factores psicológicos, como por ejemplo, algún cambio importante en su vida que les afecte de una manera especial. El estreñimiento infantil puede ser también una manifestación de problemas afectivos y un intento de llamar la atención de los mayores que le atienden. El cambio de casa, de guardería o de escuela puede generar en el niño miedo o afrontar estas nuevas situaciones.