Diario de León

ENTREVISTA

Carlos Martínez, inmunólogo: "La ciencia lucha contra el envejecimiento y hará una sociedad más rica y tolerante»

Carlos Martínez, este viernes en el Centro Nacional de Biotecnología en Madrid. BENITO ORDÓÑEZ

Carlos Martínez, este viernes en el Centro Nacional de Biotecnología en Madrid. BENITO ORDÓÑEZ

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El científico leonés Carlos Martínez (Villasimpliz de Gordón, 1950) se jubila este año. Deja la ciencia a una nueva generación de investigadores que ha tutelado durante años para centrarse en las labores de asesoramiento en Europa. Ha sido presidente de la European Molecular Biology Conference, y vicepresidente del Consejo del Laboratorio Europeo de Biología Molecular en Heidelberg, presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas secretario de Estado de Investigación en el Ministerio de Ciencia e Innovación creado durante la presidencia del Gobierno del también leonés José Luis Rodríguez Zapatero. Ha obtenido el Premios de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, el Premio DuPont de la Ciencia, el Premio Junta de Castilla y León de Investigación Científica y Técnica,

Premio Fundación Lilly de Investigación Preclínica, Premio Rey Jaime I de Investigación Científica, Premio de la Fundación Carmen y Severo Ochoa y Premio México de Ciencia y Tecnología..Es Doctor Honoris Causa por la Universidad de León y por la Universidad de Alcalá.

—¿Cómo definiría su trayectoria?

—Utilizaría la expresión de Pablo Neruda: «Confieso que he vivido». He tenido mucha suerte en mi vida científica. He pasado por los laboratorios más importantes en inmunología, que estaba explosionando en los 80 y principios de los 70 en una de las ciencias más atractivas y con mayor desarrollo. Mi estancia en el Basel Institute for Immunology, el centro más importante de inmunología, supuso un antes y un después en mi carrera. Estuve en Alemania, Francia, Suecia, en California y en compañías farmacéuticas que me dieron una perspectiva desde la inmunología científica. Y conviví con las personas que en ese momento estaban construyendo las piezas fundamentales de la inmunología, los premios Nobel que hicieron aportaciones fundamentales en ese tiempo.

—Hace ocho años usted dijo en una entrevista que lograríamos ser inmortales. ¿Sigue pensando lo mismo?

—Expresé un sueño tradicional de la humanidad. Los avances de la ciencia, y concretamente de la biomedicina, ha sido tan extraordinario que han permitido a la humanidad ser dueña de su futuro. Nos acerca a desarrollar mejores condiciones de vida, pero también crea enormes problemas éticos que no están resueltos. Lo que sí puedo decir es que gracias al avance de la ciencia se ha duplicado la expectativa de vida media en los últimos cien años. La ciencia es uno de los instrumentos fundamentales de la humanidad para avanzar en el futuro.

—¿A qué precio y para qué lograr el sueño de ser inmortales?

—Ese es otro problema. Saramago decía que la inmortalidad sería el peor castigo para un ser vivo. Cuando hablaba de lograr la inmortalidad no me refería necesariamente a la capacidad de vivir del mismo organismo humano vivo. En el futuro, que a veces tarda demasiado, las piezas deterioradas que son responsables de las enfermedades podrán ser sustituidas por otra desarrolladas por la biomedicina, por la mecánica o la electrónica. El ser humano del futuro podrá estar formado con piezas de titanio o por organoides generados in vitro a partir de células madre. Una buena parte de sus órganos podrán haber sido sustituidos por otros generados en animales, y eso hará que una persona pueda seguir viviendo mucho tiempo con otros órganos exógenos. Eso nos permitirá vivir más. Dudo que logremos la inmortalidad si la definimos como la capacidad de vivir indefinidamente de un único organismo vivo.

—Seremos cíborgs

—Si, exactamente. Esto ya existe en gran medida. Los avances de la electrónica permite sustituir los miembros que pueden haber sido amputados como consecuencia de un accidente o de intervenciones quirúrgicas, y ser sustituidos por brazos o por elementos mecánicos que ya son capaces de detectar la sensibilidad y los movimientos que hacen están coordinados por el cerebro y eso me parece extraordinario. Abre una nueva oportunidad para la especie humana. Cómo y cuándo se utilizará dependerá de los avances que en cada momento vayamos elaborando.

—¿Y se logrará curar enfermedades ahora incurables?

—La biomedicina ha puesto de manifiesto que hay un elemento que podemos combatir, que es el envejecimiento, que es la causa fundamental de la mayoría de las enfermedades, como el cáncer, la diabetes o enfermedades neurodegenerativas. Si prevenimos, retrasamos o modulamos el envejecimiento seremos capaces de modular también el desarrollo de estas enfermedades. Se están produciendo avances extraordinarios. Ya hay fármacos experimentales que contribuyen a retrasar el envejecimiento. Si se consigue — y hay evidencias exitosas— que podremos combatirlo es una posibilidad no sólo de vivir más, sino de vivir mejor. Gracias a la medicina de precisión y la tecnología genómica se están desarrollando estrategias contra muchas de estas enfermedades. En la mayor parte de los cánceres, el diagnóstico precoz puede ser un instrumento para combatirlo de manera eficaz. Hoy día ya se combaten eficazmente. Y habrá otras como el alzhéimer para la que todavía no tenemos nada pero estamos en las posibilidades de empezar a desarrollar diagnósticos precoces y tratamientos.

—¿En qué cargo ha estado más cómodo en su carrera?

—Donde más cómodo y donde yo diría que he sido más feliz ha sido en mi carrera como investigador. Después me tocó ser gestor. Como presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) uno tiene restricciones para implementar ideas. Me siento muy orgulloso de haber sido capaz de firmar un acuerdo de colaboración entre las administraciones pública y privada, que incorporó más de 50 millones de euros a la investigación. Fue un momento único en nuestra historia y que debería reproducirse. La evaluación internacional de toda la actividad que se llevaba a cabo en el CSIC y la participación de España en el Consorcio Internacional del Cáncer, donde España aportó conocimiento y desarrollo fue un éxito extraordinario. En esa época también participé en la difusión de la ciencia, una actividad de la que me siento profundamente orgulloso y constituyó una parte importante de mi carrera. Fui una de las primeras personas que contribuyó a mejorar el salario de los científicos basado en la productividad, la generación de conocimiento y generación de patentes. Desgraciadamente, esto que me pareció revolucionario en ese momento, no se ha implementado al resto de los funcionarios y es una parte muy pequeña de nuestro salario.

—¿No piensa que esta presión por la productividad ha provocado que en los últimos años haya científicos que manipulen resultados para poder recibir financiación y seguir investigando?

—Los científicos, como el resto de los humanos, estamos sometidos a extraordinarias presiones. En el mundo de la ciencia existe este concepto de ‘publica o perece’. Si no publicas no tienes financiación y si no tienes financiación no puedes seguir investigando. Es importante recordar que la financiación en el ámbito científico se consigue por métodos competitivos. La administración no nos da nada. Nos paga el salario, pero no da financiación para llevar a cabo las investigaciones. Esa financiación sólo se obtiene por métodos competitivos en organismos nacionales o internacionales. Esto se aplica de manera única a los científicos y no al resto de los profesionales funcionarios de la administración. Eso hace que esa presión por publicar lleve asociado cometer errores y hacer arbitrariedades como las que pones de manifiesto, pero no son la mayoría. El porcentaje de copias o de plagios es muy pequeño comparado con el número de publicaciones que aparecen. Para que el conocimiento científico sea estable y se acepte por la comunidad necesita ser reproducido y por tanto toda esa investigación que se realiza por especulativos automáticamente desaparece. Los científicos que hacen eso incluso son desprovistos de sus puestos de trabajo.

—¿Qué le hubiera gustado hacer que no pudo como secretario de Estado de Investigación en el gobierno de Zapatero?

—Mi objetivo era llevar la ciencia a la agenda del Estado. En España se ha mejorado en los últimos años, pero no sigue constituyendo una pieza fundamental de la agenda política y social. Como presidente del CSIC desarrollamos con La Moncloa el programa ‘Ingenio 2010’ en la primera legislatura de Zapatero pero no se repitió en la segunda legislatura. Yo no fui capaz de trasladar esa necesidad de hacer de la ciencia una agenda fundamental del Gobierno. Las causas pueden ser varias. Yo no era responsable del ministerio y mis fracasos son los que corresponden al secretario de Estado. (Carlos Martínez fue secretario de Estado desde 2008 hasta su destitución en 2014, con Cristina Garmendia al frente del Ministerio de Ciencia e Innovación).

—¿Le ofrecieron alguna vez ser ministro?

—No, nunca.

—¿Qué piensa de la apuesta científica del gobierno de Pedro Sánchez?

—La apuesta por las iniciativas se documentan en los presupuestos. Los nuevos presupuestos se están elaborando. El presupuesto del 2020-2022 supuso un amento de casi el 13% del anterior y se llegó casi a los 20.000 millones, que es una cifra importante que supone casi el 1,5 del PIB. La ciencia necesita un apoyo sostenido para evitar ese aforismo de Ramón y Cajal: «No utilicemos la ciencia como arrancadas de caballo y paradas de burro». Por mucho apoyo que la iniciativa pública haga a la investigación, sin la iniciativa privada nunca seremos un país competitivo. Las colaboraciones público y privadas son esenciales. Estoy orgulloso de haber sido uno de los pioneros. Es necesario el apoyo del mecenazgo, que las mujeres y los hombres ricos apoyen la investigación como un instrumento para hacer una sociedad libre. En España tenemos excelentes científicos, no tanto excelentes instituciones dedicadas a la ciencia. Para evitar que desaparezca la línea de investigación de un científico excelente cuando se jubila se necesita un cambio en la arquitectura institucional de la financiación. Si uno mira quién realiza la ciencia en los países más competitivos, en gran medida la sostienen jóvenes posdoctorales y extranjeros y me parece que tenemos que hacer atractiva la ciencia en España para reclutar los mejores profesionales, independientemente de su origen y ofrecer las mejores condiciones para garantizar que su futuro sea extraordinario

—¿A qué se va a dedicar cuando se jubile?

—Ya me estoy dedicando parcialmente. Estoy como emérito en el CSIC y soy miembro del Comité de Identificación del Consejo Europeo de Investigación (European Research Council). Contribuí a su creación y ahora ayudo a seleccionar a los 21 miembros del consejo. Es importante para garantizar que estén seleccionados por su excelencia y que cumplen todos los ámbitos del conocimiento que se va a financiar. Participo también en el Consejo Social de la Universidad Politécnica de Madrid y estoy presente en los patronatos de varias fundaciones que seleccionan a las personas que van a recibir becas para estudiar en el extranjero.

—¿Como se ve ahora?

—El método científico requiere dedicación y obsesión y eso es muy dependiente de la energía. Con la edad utilizamos los dos hemisferios del cerebro y eso nos da una plasticidad que no tienen los jóvenes. Pero la energía necesaria para ser competitivo en esa sociedad científica del futuro se va perdiendo. Poco a poco me iré desligando del grupo de investigación y la juventud que allí queden será la responsables de continuar.

—¿Qué papel va a tener la inteligencia artificial en la ciencia?

—Extraordinaria. Una ventana de la que no sabemos las implicaciones ni los avances. Habrá que decidir dónde, cuándo y qué se puede hacer. Soy editor de alguna revista de ciencia y uno de los grandes problemas es discriminar entre un artículo científico que es objeto del desarrollo experimental y otro que ha sido elaborado con inteligencia artificial. El futuro de los avances científicos es impredecible. Si hay algo que define a nuestra sociedad es la incertidumbre.

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