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La psicóloga María Esclapez, conocida por su papel de divulgadora en redes sociales, quiere, con su tercer libro, Me quiero, te quiero, desmontar el mito del amor romántico y conseguir «un mundo un poco más sano», según explica en una entrevista con Efe. El libro, editado por Bruguera, «habla sobre relaciones, pero no solo sobre relaciones de pareja. Si prestamos atención, veremos que muchas de las dinámicas que se explican en el libro también suceden en la amistad o en la familia», cuenta esta psicóloga especializada en sexología clínica y terapia de parejas (Elche, 1990). «Podemos decir que es un libro que habla de vínculos y que nos enseña, a través de ejemplos propios, de ejemplos de pacientes y de la teoría, a establecer relaciones sanas, a identificar esos comportamientos que hemos normalizado y que no son normales», apunta.

—La lucha contra la dependencia emocional y el amor romántico puede entenderse como un acto feminista. ¿Cuándo y por qué empieza a dedicarse profesionalmente a ello?

—Yo creo que desde siempre, desde que empecé a aprender sobre feminismo en la adolescencia. Al principio fue complicado, porque hay cosas que hacía que eran machistas: hemos crecido en una sociedad machista y son cosas que hemos aprendido inconscientemente. El primer paso fue ese, deconstruirme y empezar a crear conciencia acerca de esas cosas, de esas ideas, de esos pensamientos que tenía inconscientemente. Después vi que, a nivel social, era una necesidad hablar de ello, y por eso empecé a hacerlo en redes sociales. Ahora, creo que ha llegado el momento de plasmarlo en un libro.

—Usted, además, defiende la perspectiva de género en la terapia.

—Si, sí, para mí es fundamental. Es importante entender que hay que tener perspectiva de género en todo, porque al final hay cosas que hay que trabajar que se basan en esa deconstrucción de los ideales patriarcales.

—En el libro dedica varias páginas a desmontar la idea del eterno enamoramiento. Explica que, como mucho, dura tres o cuatro años, pero que después no se acaba el amor de la pareja, sino que se transforma. En su experiencia como terapeuta, ¿es complicado que la gente asuma esa fase?

—Desde luego, incluso hay parejas que demandan volver a esa fase de enamoramiento. Y yo les digo: «A ver, eso no puede ser, eso es imposible, porque tu cuerpo ya no va a reaccionar igual en la fase de enamoramiento». No solo hay una reacción cognitiva, sino también fisiológica, y es muy complicado volver a ese punto. Se puede trabajar en alimentar el amor de una pareja, pero un amor tranquilo, sano. Diferente, pero no por ello peor. Al principio, esa respuesta impacta. Hay personas que entienden que el amor se trabaja de otra manera en esa fase y que van a tener una relación igual de satisfactoria, pero hay otras que no, que se quedan muy chafadas. Pero es que es que no se puede.

—Empezó como divulgadora mientras estudiaba la carrera, ¿de dónde viene esa vocación?

—Empecé con esto cuando estaba terminando la carrera: me faltaba bibliografía sobre sexo y amor, así que empecé a leer libros, muchos. Cuando los leía, no dejaba de pensar con sorpresa que la gente no sabía muchas de esas cosas, pero que tenía que saberlo. Empecé a sentir una especie de ansia por contarlo, así que me abrí un blog para hablar de felicidad, de sexualidad o de relaciones de pareja. Yo te diría que es vocación. Al fin y al cabo, a mí nadie me paga por publicar en Instagram, ni tampoco me obligan, pero cuando lo hago soy feliz porque siento que es necesario. Veo que la gente lo recibe con muchas ganas y me escriben con agradecimiento.

Contra el amor romántico
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