martes 30/11/21

EL CHICLE PEGADO QUE SE MERECE UN NOBEL

Sirven para algo más que mascar. Gracias a ellos se ha arrestado a criminales y se ha combatido alguna enfermedad. El menos valioso de los chicles, el que está espachurrado en el suelo, tiene ahora un gran valor.

Hay descubrimientos científicos serios que merecen un Nobel y otros aparentemente más divertidos que se alzan con los premios alternativos a la ciencia más informal, como el que desde la Universitat de València (UV) ha analizado las bacterias que se hallan en los chicles pegados en las aceras de las ciudades.

Manuel Porcar, investigador de la UV y presidente de la empresa Darwin Bioprospecting Excellence, ha recibido el premio Ig Nobel, considerados una parodia de los galardones suecos y que ensalzan con humor aquellos descubrimientos que arrancan sonrisas, aunque en este caso con resultados que nada tienen de guasa pues podrían contribuir a la descontaminación de esas gomas de mascar y de otros plásticos.

Este «entusiasta» —como él mismo se describe— de la microbiología y la biotecnología nació hace 49 años en la localidad castellonense de Vinaròs y lidera actualmente el Instituto de Biología Integrativa de Sistemas I2SysBio de la Universitat de València, además de dirigir su propia empresa. En ella no sólo se aíslan, caracterizan y producen microorganismos con una gran variedad de aplicaciones sino que se comercializan productos tan innovadores como un preparado para hacer pan de masa madre.

Porcar explica que alguien, cuya identidad desconoce, les nominó a estos premios y sin esperarlo recibieron una llamada comunicándoles que habían sido galardonados. «Es como cuando te toca la lotería sin comprar el boleto» bromea.

El investigador ha llevado a cabo este estudio (‘The wasted chewing gum bacteriome’) junto a Leila Satari, Alba Guillén y Àngela Vidal-Verdú, que ha sido publicado en la revista ‘Scientific Reports’ y demuestra que la carga bacteriana de los chicles cambia en cuestión de semanas y que las bacterias orales aguantan sorpredentemente mucho tiempo cuando el chicle está en el suelo.

Estos premio nacieron en Estados Unidos a modo de parodia de los Nobel y reconoce los logros de diez grupos científicos que «primero hacen reír a la gente y luego la hacen pensar».

Los galardonados, en consonancia con la naturaleza divertida de estos premios satíricos, reciben, en una gala virtual, un trofeo de papel para que los propios premiados lo monten y un billete de 10 trillones de dólares de Zimbabue (moneda que ya no está en curso y de escaso valor), con el que el propio Porcar posa en Twitter divertido.

Y, tras dudar que su premio fuera merecedor de un galardón de este tipo —algo que asegura le ocurre a más premiados—, el investigador y su equipo se pusieron manos a la obra para preparar el vídeo de agradecimiento que grabaron cantando, bailando y tocando con la guitarra la canción ‘All the chewing gum’ (todo el chicle) como versión del ‘All You Need is Love’ de los Beatles.

Porcar asegura que la idea surgió «paseando». Vio los chicles en el suelo y se le ocurrió la idea de estudiar la macrobiota (o conjunto de bacterias) y aprovecharon las vacaciones de cada miembro del equipo para ir recogiendo muestras. Además, Satari masticó un chicle y lo fueron analizando a lo largo de varias semanas.

La investigación de este equipo puede ser relevante y tener aplicaciones en varios ámbitos, como en la investigación forense o en la eliminación de plásticos —los principales enemigos— a través de bacterias.

El investigador sostiene que los chicles «podrían ser vectores de enfermedades bacterianas bastante tiempo después de ser lanzados al suelo». Y añade: «Hemos encontrado bacterias que pueden servir para limpiar los propios chicles, ¡porque se los comen!».

Los chicles tienen una carga bacteriana que evoluciona de un microbioma oral a uno ambiental en cuestión de semanas. Las bacterias orales «aguantan sorprendentemente mucho tiempo una vez el chicle está por el suelo. Además, muchas de las bacterias que hemos aislado de los chicles más viejos tienen potencial para biorremediar el propio chicle, es decir, degradarlo», agrega Porcar.

El equipo de investigación del I2SysBio apunta que estos residuos de larga duración se han utilizado para el análisis genético humano en criminología —tomando una muestra podría situar a un sospechoso de un crimen o delito en un lugar determinado— y arqueología.

Además, remarca que sus hallazgos tienen implicaciones para una amplia gama de disciplinas, incluida la medicina forense, el control de enfermedades contagiosas o la ya comentada biorremediación de residuos de goma de mascar.

El investigador apunta que estas bacterias que se comen los propios componentes del chicle «nunca es descartable que se puedan extender a otros substratos como el látex u otros componentes plásticos».

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