jueves 26/5/22

María es una mujer de mediana edad que busca conversar. Apenas sale de casa, lleva años tomando antidepresivos y se ha ido alejando de sus amistades porque se siente incomprendida. También ha perdido el interés por actividades como la pintura o el yoga que antes la entusiasmaban.

Ana es una adolescente asustada porque su mejor amiga que se autolesiona se ha despedido de ella y no sabe cómo ayudarla. Su amiga no consigue concentrarse en los estudios y ha bajado mucho su rendimiento académico. Sus padres están divorciados lo que le lleva a cambiar de casa todas las semanas. El tiempo que les dejan sus respectivos trabajos la dejan con la abuela y se van de viaje. Manuel y Amparo viven solos desde hace más de dos décadas. A él le diagnosticaron esquizofrenia y su madre que arrastra varios problemas de salud y una pensión pequeña es desde entonces su único vínculo afectivo. Tres horas a la semana acude a su domicilio una persona que les ayuda con las tareas, el resto del día lo pasan solos. Paco comparte piso con otras dos personas, cobra una pequeña prestación que se le va a terminar y no encuentra trabajo. Su familia ha roto la relación con él, se siente desesperado. A Javier su mujer le pidió el divorcio hace un año porque conoció a un chico más joven, desde entonces ve a sus hijos un día a la semana. La tristeza y la sensación de fracaso le llevaron a una depresión y a perder el empleo. Ahora vive con un hermano y sufre frecuentes ataques de ansiedad. Estas personas ficticias podrían ser llamantes del Teléfono de la Esperanza. Se prevé que los problemas de salud mental serán la principal causa de discapacidad en el mundo en 2030. La mayoría de las llamadas acaban con un sentimiento de gratitud por la escucha activa que reciben. Les sorprende que otra persona les comprenda, trate con naturalidad y normalice su situación, además de ayudarles a buscar alternativas más adaptativas.

El estigma es una de las barreras invisibles más importantes para estas personas, una manera de romperla es escucharles para darnos cuenta de que tenemos muchas cosas en común y concienciarnos de que un día podemos estar en esa situación. Sumando los apoyos necesarios tendrán más fácil su integración en la sociedad como los ciudadanos de pleno derecho que son.

La escucha activa rompe con el estigma de la salud mental
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