lunes. 08.08.2022

Felipe II visto como hombre de Estado

l Elvira Roca reivindica a Altamira como pionero contra la hispanofobia
                      Roca Barea ha destacado como autora, entre otros libros, de ‘Imperiofobia y leyenda negra’
Roca Barea ha destacado como autora, entre otros libros, de ‘Imperiofobia y leyenda negra’

josé luis picón

La escritora Elvira Roca Barea lamenta que, tradicionalmente, los acercamientos al personaje de Felipe II se hayan hecho para someterlo «a un juicio moral» y que solo algunas figuras como el historiador Rafael Altamira (1866-1951) hayan luchado contra la imagen del monarca como «psicópata».

Roca Barea, autora entre otros libros de ‘Imperiofobia y leyenda negra’, presenta este jueves en Málaga la reedición de la obra de Altamira ‘Ensayo sobre Felipe II hombre de Estado’, que ha sido publicada por la editorial Gadir.

Resalta en una entrevista que Altamira «ha estado olvidado siempre, a pesar de su enorme relevancia internacional, de que redactó los estatutos del Tribunal Internacional de La Haya, fue un europeísta adelantado a su época y candidato al Premio Nobel de la Paz».

Fue además quien «desarrolló el concepto de hispanofobia, y no acuñó, pero sí popularizó, la expresión ‘leyenda negra’, que sería la que después haría fortuna».

«Es un pionero en el estudio de ese complejo mundo de los argumentos desquiciados contra la historia del Imperio», señala Roca Barea, que resalta que el libro ahora reeditado se publicó originalmente en 1950 durante su exilio en México, «cuando todavía la visión dominante de Felipe II es la del Demonio del Mediodía».

Con este trabajo, «saca a Felipe II de ese complejo tenebroso y toda aquella ensaladilla tétrica y oscura y lo coloca en una posición de personaje histórico importante, en el camino hacia la normalidad».

Porque Roca Barea califica a Altamira como «un normalizador de la Historia de España», que al igual que otros exiliados como Francisco Guerra Pérez-Carral hizo «un trabajo muy importante en torno a la leyenda negra para corregir errores de apreciación gigantescos».

En el caso de Guerra Pérez-Carral, se centró en el estudio «de la epidemiología en América e identificó la mayor parte de las enfermedades que se expandieron allí y que provocaron una enorme mortandad que luego se ha convertido disparatadamente en un genocidio».

«El argumentario de la hispanofobia está consolidado, y te das cuenta de lo que parece que es un hecho incontrovertible. Estos hombres del exilio hicieron mucho más que el franquismo, que no hizo nada, para intentar levantar las alfombras de la leyenda negra».

Esa imagen de Felipe II como «Demonio del Mediodía» era «la que se conocía internacionalmente y la que habían dado los hispanistas ingleses, que eran los que se habían ocupado del personaje mayormente».

«Todavía hoy, cuando uno se saca el carné de hispanista en Inglaterra, lo primero es hacer una biografía de Felipe II. Es un clásico, pero esto es así desde el siglo XVIII», asegura Roca Barea.

Cuando publica este libro, Altamira además edita las Ordenanzas de descubrimientos y nueva población de América de 1573, que en 1950 todavía seguían en el Archivo de Indias «inéditas, sin una edición moderna».

«Son la Constitución de América hasta que se fragmentan los virreinatos, y establecen no solo que hay que ser piadoso con el indio, sino las normas con las que se tiene que regir ese inmenso territorio, cómo se funda una ciudad, la administración de justicia, los impuestos, el urbanismo, cómo se admite la llegada de misioneros o el control de los viajes a América». Altamira se propone en su libro hacer un retrato biográfico de Felipe II y colocarle como «un hombre de Estado, probablemente el más importante de su época». Roca Barea lamenta que «todo lo que no sea leyenda negra sea acusado sistemáticamente de ser leyenda rosa, cuando no colocas al personaje en una perspectiva negativa y en un ángulo de fanatismo». «Altamira se plantea por qué, cuando te acercas a este personaje, tienes que hacer automáticamente un juicio moral, cuando es un gran gobernante. Si te acercas a Luis XIV o a Winston Churchill, ¿haces un juicio moral?», se pregunta.

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