domingo. 27.11.2022
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nicolás miñambres

No debe llamar a engaño el título de la obra, un trabajo excelente de la historiadora inglesa Anna Beer sobre algo misterioso: la composición musical, hecha por mujeres, desde los tiempos lejanos de Florencia hasta el siglo XXI actual.

El trabajo recibe elementos de todas las artes, desde la nobleza de la arquitectura excelsa a la humildad de la jardinería, lo cual supone trabajar con materiales de todos los países europeos: la ciudad de Venecia, con Magdalena Casulana,»primera mujer que publica su propia música», parece desafiar a los hombres, mostrándose como una mujer distinta. Sin olvidar el convento de San Vito, en Ferrara, donde un hombre, en 1594, escucha cantar a las monjas su música sublime. Y por último, en 1850, se da noticia de unas obras de Fanny Hensel, hermana de Félix Mendelshon. He ahí tres referencias orientativas del contenido de la obra: «Este libro pretende dar a conocer los logros de una serie de mujeres a lo largo de cuatro siglos de la historia de Europa occidental». Según el Libro de Samuel, escuchar la voz de una mujer, despierta el deseo, y eso bastaba para silenciar a las mujeres en las iglesias y en las sinagogas, cuando no en otros ámbitos». Pero pronto se observarán algunos de los sufrimientos creativos por parte de la mujer, que ha de ser madre y esposa: el arte de la música queda, hasta cierto punto, cerrado a sus aspiraciones estéticas. Al leer la obra, se tiene el convencimiento de que «las artistas piensan únicamente en su arte y lo consideran absolutamente incompatible con la alegría de la vida familiar».

Con este sentido sacrificado de la música, Anna Beer, presenta una selección de mujeres de inteligencia musical privilegiada: Caccini, Strozzi, Jacquet de la Guerre, Martines, Hensel, Schumann, Boulanger y Elizabeth Maconchy. Hay que advertir en ella un aspecto de las obras de música, en confesión elegante y altruista de la autora: «El resto debería ser historia. Que no lo sea es uno de los motivos que me han llevado a escribir este libro».

Leer sin poder respirar
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