30 ANIVERSARIO DEL 23-F | LAS CLAVES EN LEÓN
«Hubo una lista en León de veinte fusilables»
Cordero del Campillo rescata de la memoria uno de los pasajes más oscuros del 23-F en León demás del ex rector, figuraban nombres como Laudino García y dirigentes del PCE León estuvo aquella tarde

Dos jóvenes toman nota ante una foto de la acción golpista de Tejero en el Congreso.
¿Y si hubiera triunfado el golpe del 23-F? La historia con final feliz dejó varios interrogantes sobre el papel de determinados estamentos, y no sólo el militar. León y los leoneses asistieron a aquel acontecimiento histórico a través de la radio y en espera de noticias, como el resto de pueblos y ciudades de España.
Sin embargo, las cosas no sucedieron como la balsa de aceite que muchos han dibujado con el tiempo, como si nada hubiera pasado aquella tarde en los puntos calientes del poder político y militar leonés. El Gobierno Civil, en la plaza de la Inmaculada; el Gobierno Militar, en la avenida de Independencia, y los acuartelamientos de Almansa, Ferral del Bernesga y Astorga.
Si hubiera triunfado el 23-F, una veintena de leoneses hubieran sido eliminados. Así lo corroboran diferentes protagonistas de aquella lista que personalidades, mayoritariamente de izquierdas, que encabezaba el profesor y catedrático Miguel Cordero del Camillo.
«Sólo recuerdo tres nombres. El mío, el de Justino Burgos, que era catedrático, y el de Alfonso Prieto, democristiano», señalaba ayer el también ex rector de la Universidad de León.
Laudino García, ex alcalde de Igüeña y político muy activo en el PCE de los años 80, corrobora las palabras de Cordero del Campillo y ofrece más nombres, además del suyo. «Estaban también gente como César Roa, Roberto Merino, Manuel Barrero...». Esos listados existieron no sólo de la provincia de León, sino en media España. Algunas fuentes hablan de más de 2.000 «fusilables» si hubiera triunfado el golpe.
Si alguien lo pasó mal aquella tarde del 23-F fueron los militantes y cargos públicos del PCE de León. Según Laudino García, la dirección del partido en Madrid estableció un número de teléfono secreto para comunicarse en previsión de que el golpe triunfara.
En la provincia leonesa, los comunistas gobernaban entonces varios ayuntamientos emblemáticos, como Igüeña, Fabero o Villablino, y otros más pequeños como Puebla de Lillo y Peranzanes.
Laudino recuerda hoy que recorrió todos los pueblos del municipio para comentar el golpe con los vecinos próximos al PCE. «Después nos reunimos en Tremor hasta el discurso del Rey, aunque ya antes, desde Madrid, nos dijeron que había fracasado. Pero teníamos que estar preparados por si teníamos que huir», añade.
En el PSOE también se vivieron momentos de tensión por la misma razón. Nadie sabía qué podía pasar si triunfaba la intentona.
No hay muchos testimonios de lo que realmente pasó aquella tarde en la capital leonesa que quieran hablar con nombres y apellidos. Los que vivieron el golpe de Estado en el Gobierno Civil o en los acuartelamientos militares de León y Astorga restan importancia a lo que pasó. «Se estuvo pendiente de Madrid, como en todas partes, pero sin tomar una posición a favor ni en contra», señala una fuente que vivió en primera línea los acontecimientos.
En León, como en todos los gobiernos civiles, se recibió una orden para establecer el estado de alerta a través de un sistema que hoy resultaría arcaico. El secráfono sólo había sonado en la sede gubernamental el día de la dimisión de Suárez, el 25 de enero de 1981, y unos meses antes, en una prueba. El artilugio telefónico con módem de la casa Erikson volvió a dar señales de vida aquella tarde en la entonces sede de la plaza de Calvo Sotelo. Ángel García del Vello, entonces gobernador, recibió una instrucción clara. Alerta.
Acto seguido se convocó una Junta de Seguridad. La Policía también se desplegó en las sedes del PSOE en la avenida del Doctor Fléming, y UGT y Comisiones Obreras, en el edificio de Gran Vía de San Marcos. Las instalaciones de los medios de comunicación escritos -`Diario de León y Proa-` también recibieron la visita de una patrulla en las calles Pablo Flórez y Lucas de Tuy.
La centralita de Diario de León se bloqueó, en una noche de tranquilidad «plena y absoluta» en las calles de la capital, según se señalaba en la primera página del 24 de febrero de 1981.
Quizá porque no pasó nada. León, como el resto de provincias, esperó a ver qué podía pasar. Miguel Cordero del Campillo, ex rector de la Universidad de León, ha dejado uno de los escasos testimonios públicos de lo que realmente sucedió entre bambalinas.
En su libro -˜Crónica de un compromiso-™, donde cuenta su papel como político en la Transición, Cordero asegura que «algunos civiles», entre ellos dos conocidos médicos de la ciudad, se dirigieron esa noche a la sede del Gobierno Militar. «Algunos solicitaron armas y el testimonio lo he obtenido de un ilustre militar», señala en las páginas de un libro que hoy sigue vigente. Y añade: «Fracasada la intentona, los camaleones cambiaron de color y se mimetizaron con la democracia».
María Dolores Otero, en una carta publicada en 2006 en este periódico, habló de uno de esos protagonistas, su marido, ya fallecido. «La pura verdad, y lo digo para que se sepa lo que ese día y a esa hora pasó en el Ayuntamiento, cosa de la que nadie se ha preocupado, y que desmiente otras falsedades, es que mi marido, saliendo del quirófano en la clínica de San Francisco, se entera de forma inconcreta de lo que ocurría en el Congreso. Sabiendo que yo estaba reunida en el Ayuntamiento, se preocupó y fue al Gobierno Militar a informarse de primera mano de sus compañeros y amigos. Comentando que yo estaba en el Ayuntamiento y que era el único teniente de alcalde que allí había y que podía tener problemas, me llamó para decirme lo que pasaba y que me llamarían, como así fue».