lunes. 28.11.2022
Escenarios vacíos

Resistiré en las fiestas de ‘prao’

El sector, con más de un millar de empleos en León, aguarda una decisión que puede dejarles sin ingresos durante 18 meses consecutivos
Diego García y Juan Reyero, ayer por la mañana en la nave de Santa María del Páramo donde guardan el camión escenario de la orquesta Cañón. MARCIANO PÉREZ

Lo que no van a cantar es «Resistiré». «Ni de coña, salvo que haya un clamor popular», descarta Juan Reyero, subido al camión escenario en el que se amontonan los amplificadores, los cables, el soldador y las barras sobre las que se engarzan las luces. Los focos están apagados. En la penumbra de la nave, el pabellón pirata de la orquesta Cañón luce con el mar de fondo del coronavirus. No hay música. No se sabe cuándo la habrá. Diego García se planta con las piernas asentadas y los brazos a los lados, como si fuera a arrancarse con Everybody needs somebody de los Blues Brothers. Pero sólo le sale la voz para avisar de que, después de un invierno de trabajo oscuro para poner a punto los equipos, de ensayos, a su verano el virus ya le ha asaltado al abordaje dos meses, abril y mayo, con 14 conciertos cancelados desde «el Sábado Santo de Villadangos». «Veremos cuándo se puede», concede el cantante del grupo, que tenía cerradas, «ya desde Navidad, 87 citas» y contaba con llegar «al centenar». «Ya nos han empezado a llegar cancelaciones», admiten.

Detrás del escenario hay «15 familias que económicamente» viven «todas de esto». Esto es «un negocio de marzo a octubre» en el que «el colchón» de los ocho meses tiene que dar para el resto del año. Ahora, sin ingresos, empieza a depender de «líneas de crédito», porque además «hay actuaciones de atrás que serán más difíciles de cobrar con las administraciones paradas». «Tengo empantanados en China 12.000 euros en material y estuve a punto de meterme en otros 400.000 euros con un camión nuevo y otro de apoyo. Tiré una moneda al cielo y gracias a dios cayó de canto», concede Juan Reyero, subido al tráiler que despliega un escenario de 28 metros. En la nave de Santa María del Páramo hay dos un poco más pequeños: el que lleva Clan Zero y el de Grupo Sonido, ambos también de la familia del técnico, que empezó «en esto» con su padre en 1992. «Si se abre, las fechas que nos han cancelado se volverán a llenar en nuestro caso, pero en el de ellos no lo tendrán tan fácil», augura.

Negociación

Los pueblos han empezado a cancelar, pero los promotores intentan que se aplace

La espera, «sin saber cuándo ni cómo», hará que «desaparezcan bastantes grupos en León», vaticina Juan Reyero. Mientras más avancen los meses, «sin Ertes ni nada, la gente se va a buscarse la vida en otra cosa». «No somos una cafetería. Al final tendremos sólo un escenario y será muy difícil encontrar gente porque esto no es como fichar cuatro camareros», explica el técnico de la orquesta. A la incertidumbre se añade que «los que antes se gastaban diez en fiestas ahora se gastarán seis y pedirán bajar el caché», avisa Diego García, quien aún confía en que haya verbenas este verano «al aire libre».

Con ese horizonte continúan en «los ensayos cada uno por su cuenta desde casa» a partir del guion que les manda Diego García. El «nuevo show» no traiciona el arranque inicial con «una adaptación de Piratas del Caribe, cada año diferente» desde su estreno en 2002. Esta vez presentará «la segunda parte del truco de magia del pasado verano», desvelan, convencidos de que «si se vuelven a hacer verbenas, donde antes había 1.000 pues ahora habrá 300, y se formarán grupitos, no con todos adelante con la orquesta porque la gente se separará por instinto». «Si se abren las verbenas es para distraerse un rato. La gente ya está harta», exponen para justificar por qué este año no quieren cantar Resistiré.

Panorama «desolador»

El panorama «es ciertamente desolador». El análisis sale de la «media docena diaria de cancelaciones» que arrastra durante estas semanas Helio Espectáculos. Tatiana Fernández, gerente de la empresa, que tiene como bandera a la orquesta Cañón, insiste en que lo peor es que no saben «cuándo se podrá abrir». La «incertidumbre de no poder hacer planes» provoca que los pueblos con las fiestas más cercanas «las hayan cancelado, lo que es comprensible», pero a su vez desemboca en que «entren en bucle y suspendan ya también los de agosto y septiembre». «Los que estaban esperando se dejan llevar por estos últimos. Lo ideal sería que, cuando se pueda trabajar, aquellos que tengan las celebraciones las hagan y los demás puedan encontrar un hueco», propone la empresaria, dentro de una iniciativa que han empezado a mover para atajar la desbandada. Pero, por ahora, no han conseguido frenar a muchos pueblos. Sin que les sirva de consuelo, al menos les piden «el acuerdo de cancelación» para contar con «un justificante de cuál es el negocio que se ha perdido».

Sin red

El miedo condiciona una decisión en la que ya hay pueblos que optado por dejarlo hasta 2021

El problema viene dado por que «las inversiones se hacen en invierno» y se engorda por que se trata de un sector que «tiene una regulación que está cogida con pinzas». Hay «gente a la que se da de alta y de baja cuando actúan, que en el caso de una orquesta media pueden ser 50 o 60 días de cotización al año», y otros, en mejor situación, que «trabajan seis o siete meses con contratos por obra y servicio, pero que no habían empezado». Ahora, recalca Fernández, «todos se encuentran en el abandono más absoluto» dentro de un mercado que agrupa a «las orquestas, las charangas, las discotecas móviles, los hinchables y juegos infantiles, los espectáculos de calle, las carpas, los generadores...».

disco

Toño, ayer en la nave de las discotecas Amnexia. MARCIANO PÉREZ

En España se contabilizan 700.000 empleos, entre directos e indirectos, y 5.000 millones de euros de facturación. En León, la promotora estima que habrá «más de 1.000 personas» y no se atreve a hacer un cálculo del dinero que mueven. «Lo primero es la salud, no somos unos inconscientes, pero nos preocupan los trabajadores que han quedado entre la espada y la pared, en el limbo», insiste. Frente a los ayuntamientos que «justifican que van a dedicar la partida de fiestas para creación de empleo», Fernández recuerda que «el empleo del espectáculo ya está creado» y porfía en que «lo deben mantener porque de ahí sacan también dinero los negocios de los pueblos». Al planteamiento se suma Luis Álvarez, de Pirotecnia Devita, con una docena de citas en el aire en la provincia de León para este verano, quien incide en que, «por lo menos, se pueden hacer las fiestas de los pueblos pequeños».

No arrancar hasta 2021

En el sector también hay quien apuesta por «no arrancar hasta la próxima temporada». Toño, propietario de las discotecas móviles Amnexia, se lo puede «permitir», aunque admite que «hay gente asfixiadísima» que se verá arrastrada a «una limpia». «Cuento con que no va a salir ninguna de ellas», sentencia, mientras apunta a los catorce vehículos con los que cuenta, a los que se suman hinchables, quads y representación de orquestas. No es un pronóstico fácil de digerir. Menos aún cuando tenía apuntadas «450 fiestas hasta octubre».

Por ahora, a los que le llaman les tiene «apuntados», pero se empeña en que está «segurísimo» de que no habrá ninguna fiesta. «Si abren y me dejan, en mitad de julio, la mitad del personal ya no lo voy a tener y la mitad de las orquestas tampoco porque se habrán buscado la vida en el campo o en lo que sea para vivir», razona el empresario. En plantilla tiene «60 chavales, de los cuales 18 son fijos que viven de ello», y el resto, «universitarios que se sacan un dinero para la matrícula y sus gastos». «Para entonces, atender esos encargos va a ser muy difícil», recalca.

Su argumento no se queda sólo en la disponibilidad laboral. En muchos pueblos, su acuerdo con las juntas vecinales pasa por que gestiona la barra, se queda con la caja y, a cambio, pone la discotecas y los hinchables. «Si esa barra valía 2.000 euros, por ejemplo, cuánto vale ahora porque tampoco se sabe», plantea el dueño de Amnexia. La consecuencia con su postura la lleva incluso a su cargo como miembro de la junta vecinal de Campo de Villavidel, donde «no se van a hacer fiestas». «Hay 65 personas viviendo, de las cuales 58 son jubilados. Aquí no habrá. Lo tengo clarísimo. No nos vamos a arriesgar a que luego se contagie alguien y nos señalen con el dedo para culparnos de que ha pasado porque quisimos hacer fiesta», detalla.

El mismo camino ha tomado ya Chozas de Arriba. El pedáneo, Isabelino García, había «hablado para el 26 de junio, por San Pedro, para llevar dos orquestas», pero la última llamada al promotor fue para comunicarle que «se olvide de todo», que de momento optan por «aplazarlo». No sabe para cuándo. Ni siquiera si será este año. «Si abrieran y dejaran es posible que lo hiciera, pero hay que ver las restricciones también. En ese caso convocaría una consulta popular para ver qué quiere el pueblo, si va a venir la gente o nos vamos a gastar el dinero para nada», avanza.

Más alejadas se presentan las fiestas en honor a la Virgen de la Zarza en Matadeón de los Oteros. Aunque los festejos coinciden con la última semana de agosto, su alcalde, Miguel Ángel Lozano, cita que están «a la espera de ver los acontecimientos», pero adelanta que no van a «tener la responsabilidad de decidir porque no va a estar permitido». «La lógica dice que no hay una cosa en las fiestas de los pueblos que no sea de gran afluencia: la misa, el teatro de calle, la parrillada, la verbena...», enumera.

Pese a los augurios, todavía hay empresarios que se amarran a la esperanza. A Hugo Franco le han cancelado ya una decena del medio centenar de fiestas que tenía contratadas con orquestas y las discotecas móviles Kappital, pero intenta convencer a los que le quedan de que «lo dejen abierto, se lo tome con paciencia y que, en su caso, se aplace de semana en semana». Algunas, como en la que organiza la junta vecinal de Quintanilla del Monte, ya la han pasado para «junio de 2021». «Hay quien piensa que cancela y, si se abre en agosto, lo van a poder contratar a mitad de precio, pero eso no va a pasar», aclara el dueño de Espectáculos Hugo.

Si se confirma la prohibición, el sector acumulará «18 meses sin ingresos: desde el octubre pasado hasta junio del próximo año». «Es una locura. Llevo diez años en esto. Hace dos años que me monté por mi cuenta. Los que llevan más tiempo y han asentado un patrimonio puede que aguanten, pero cómo sobrevivimos los más jóvenes», se pregunta Hugo Franco. El empresario es uno de los que empieza a pensar en alternativas. «Si no permiten los espectáculos tendré que buscarme la vida. Me tocará volver a la construcción o a la hostelería, que es donde estuve antes. No resistiré», entona.

Resistiré en las fiestas de ‘prao’