sábado. 04.02.2023
LA FORTALEZA PERDIDA DE ÁLVARO YÁÑEZ

Así era el castillo de Bembibre antes de que lo reventaran los franceses

El historiador Manuel Olano y el dibujante Raúl Arias recrean la imagen del recinto destruido por las tropas de Napoléon en el año 1809

Atrincherados tras los muros medievales, un grupo de soldados ingleses que huía de las tropas de Napoleón a comienzos de 1809 se preparó para defenderse del avance del enemigo en el castillo de Bembibre. La fortaleza ya había perdido dos de sus cuatro torres antes del año 1700 y no era más que una ruina donde refugiarse cuando aquellos británicos —rezagados del ejército de Sir John Moore que combatía junto a los españoles en la Guerra de la Independencia— se parapetaron allí a la desesperada.

Pero su intento de resistir en el castillo aquel 2 de enero —mientras sus compatriotas se replegaban hacia Cacabelos, donde tendría lugar la famosa batalla del puente del río Cúa— estaba condenado a fracasar ante el empuje de los franceses. 

«Tras sufrir importantes bajas» las tropas del emperador decidieron rendir el recinto amurallado a las bravas y «lo hicieron explosionar junto con los defensores ingleses que allí se atrincheraban», cuenta el historiador de Bembibre Manuel Olano estos días en los que se cumplen 214 años de la jornada en que buena parte de la fortaleza que Gil y Carrasco recrearía después en su novela El Señor de Bembibre saltó literalmente por los aires.

Tomando como referencia los planos con la planta de la fortaleza que en 1771 dibujó el ingeniero Carlos Lemaur durante su estancia en la villa, y los datos que figuran en el apeo de Bembibre de 1700 y en el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1753, el propio Olano y el ilustrador Raúl Arias Arias han reconstruido dos siglos después la imagen del castillo tal y como debió ser a mediados del siglo XV, en los tiempos en los que el Señor de Bembibre real era el primer Conde de Alba de Liste, don Enrique Enríquez de Mendoza.

El trazo de Raúl Arias muestra una fortaleza robusta, con las dos torres mayores situadas en la fachada principal, orientada hacia el este. Las torres mayores, cuenta Olano, no eran del mismo tamaño. «Anexa a la más monumental o torre del homenaje, de planta baja y tres pisos, se encontraba la puerta de acceso al castillo y en el frontispicio se abría un arco de canto labrado de argamasa  flanqueado por dos escudos con las armas del estado de Alba de Liste: uno en cada lado», explica el historiador. La otra principal es la Torre de la Duda. Y en la fachada opuesta, orientada hacia el oeste, se perfilaban las dos torres menores, «de idéntica simetría y proporcionalidad». Llama la atención, comprobar que tenían techumbre de teja vana a cuatro aguas.

La ilustración, difundida por la revista Bierzo, forma parte de un proyecto didáctico que Olano coordinó cuando se hizo cargo del Museo Alto Bierzo para ilustrar diferentes pasajes de la historia de Bembibre. La idea era plasmar sobre las paredes escenas de la repoblación de la villa por el rey Alfonso IX, el descubrimiento del carbón por el ingeniero Carlos Lemaur, la entrada en Bembibre de las tropas de Sir John Moore —y ya sabemos lo que les pasó a los rezagados, muchos de ellos borrachos después de saquear las bodegas y de incendiar parte de la villa— y la visita del propio Enrique Gil y Carrasco, años después, a las últimas ruinas del castillo, que describió en Bosquejo de un viaje a una Provincia del Interior.

Además de la ayuda de Raúl Arias, Olano contó con la colaboración de otros dibujantes como el ilustrador militar de Bembibre Dionisio Álvarez Cueto, Miguel León, que esbozó la antigua sinagoga hebrea ya reproducida por Diario de León en otro reportaje, y Nicanor García Ordíz, que dibujó un matrimonio judío. «Las recreaciones partían de documentación manuscrita y gráfica, intentando ser en la medida de lo posible lo más ajustadas a la realidad», cuenta Olano. En el caso del castillo, también ayudaron las excavaciones arqueológicas y los vestigios hallados cuando en 1990 se remodeló el espacio que ocupaban las ruinas de lo que en Bembibre siempre se llamó ‘el Palacio’ para crear una plaza con escalinatas, fuente y los cimientos cubiertos de algunas estancias del recinto.

Aquel proyecto didáctico para el Museo Alto Bierzo no se llevó a cabo finalmente y Olano ya está hoy jubilado. Pero las ilustraciones han visto la luz en los últimos tiempos y la del castillo, antes de que lo reventaran los franceses ante la resistencia numantina de un grupo de soldados británicos, es la más impactante.

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Último muro de la Torre del Homenaje, demolida definitivamente en el año 1865. L. DE LA MATA

...Y esto es lo que queda de la fortaleza legendaria

Una piedra desprendida de los restos de la Torre del Homenaje le costó la vida a uno de los niños que solían jugar en las ruinas del castillo, José Antonio Álvarez Olano. Era el año 1865 y el Ayuntamiento de Bembibre conminó al entonces propietario del solar y de los restos, el Duque de Trías, a rehabilitar la torre  o demolerla para que dejara de ser un peligro.  Y el duque no se complicó la vida, claro, y echó abajo la última estructura visible de la antigua fortaleza de los Alba y Liste. Y hay constancia de que en 1874 se vendía piedras de cantería del castillo.

Hoy, de la Torre del Homenaje solo resiste un muro con una equis grabada, un numeral romano aprovechado de una edificación antigua. «La tradición decía que detrás de esa piedra había un tesoro, pero nunca encontraron nada», cuenta Olano. De esa torre demolida procede el escudo de los Alba de Liste que sirvió de pontón sobre la antigua reguera de la plaza Mayor y que hoy se conserva en la Cafetería La Corona.

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Escudo de los Alba de Aliste retirado de la Torre del Homenaje tras su demolición en 1865. CORTESÍA DE MANUEL OLANO

Todo el antiguo recinto fue reformado en 1990 para acondicionar la plaza del Palacio, con escalinatas y una gran fuente, parterres enmarcados por las ruinas de la cimentación del castillo y una serie  de esculturas que recuerdan a los amantes de la novela de Gil y Carrasco, el escudo de armas de los Alba de Liste y una de las cuatro torres del Castillo. En la zona también se halló un ara votiva dedicada a Júpiter que demuestra que los romanos ya usaron la colina del Palacio para crear un asentamiento.

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Construcción del muro del Palacio en 1909. Mucha gente lo confunde con la verdadera muralla del castillo. DEMETRIO MERAYO

Muchos forasteros, sobre todo, confunden el muro de contención que separa la plaza del Palacio de la calle Castilla con los restos del Castillo de Bembibre. Nada más lejos de la realidad. El muro lo levantaron en el año 1909. La mayor parte de la piedra se trajo de una cantera de Albares de la Ribera.

La leyenda de la Torre de la Duda

La mención más antigua del castillo de Bembibre data del año 1354. Es el testamento escrito entre sus muros por Doña Inés de la Cerda, Señora de Bembibre, que se había desplazado a la villa huyendo de la peste y vivió allí algunos años (evitó así la enfermedad).

El castillo de Bembibre, más allá de las referencias históricas, también tiene su propia leyenda. Es la que da nombre a la desaparecida Torre de la Duda. Y cuenta la leyenda que allí vivió cautiva, antes de ser asesinada por su esposo para castigar un supuesto adulterio, Doña María de Figueroa, casada con el quinto hijo del primer Conde de Alba de Liste, Enrique Enríquez de Guzmán, caballero de la Orden de Santiago. El nombre de la torre haría referencia, según la tradición, a las dudas sobre la infidelidad de Doña María, casada sin amor con Don Enrique. 

El suceso aparece reflejado por Vasco de Aponte en su obra Relación de algunas casas y linajes del reino de Galicia que ha consultado Manuel Olano. Dice Vasco de Aponte que «este Don Enrique era de sangre real, y no se si tuvo razón si no llevando a su mujer para Castilla. Matóla dentro del Castelo de Benevivere, y no vino más para Galicia; quedó de ellos una hija, llamábase Doña Juana, que heredó toda la hacienda». Doña Juana se casaría con su primo Don Pedro de Guzmán, de escaso patrimonio. Y de la Torre de la Duda solo queda hoy el eco de la muerte de Doña María.
 

Así era el castillo de Bembibre antes de que lo reventaran los franceses
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